«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

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EL CAUTIVO DE AMENÁBAR SE CONVIERTE EN LA SCHEREZADA DE CERVANTES

Mucho se ha tardado el cine español en dedicarle un largometraje a uno de los episodios más convulsos en la vida del escritor Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). The Man of La Mancha (1972), basado en el musical de Broadway, ya exploraba el cautiverio que tuvo lugar en Sevilla, en la época en la que redactaba el manuscrito de su primer Quijote. Cervantes pagaba en esa cárcel una pena por haber malversado supuestamente fondos durante sus labores de recaudador de impuestos atrasados. 

Alejandro Amenábar construye en El cautivo, un relato a caballo (o a Rocinante) entre la exploración biográfica y la mitología literaria, especulando que los cinco años de cautiverio en Argel (1575-1580) no solo marcaron la vida de Miguel de Cervantes, sino que forjaron al autor que revolucionaría la narrativa occidental (“El novelista no debe rendirle cuentas a nadie, salvo a Cervantes”, escribió Milan Kundera en El arte de la novela). 

Según los anales de la historia, el autor de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, fue capturado el 26 de septiembre de 1575 por piratas berberiscos en el Mediterráneo, cerca de la costa catalana, mientras regresaba de Nápoles a España a bordo de una galera llamada Sol. Los corsarios argelinos tomaron el barco tras un combate, encontrando entre los papeles de nuestro héroe. cartas de recomendación de Don Juan de Austria que les hizo creer que el Manco de Lepanto era un personaje importante, elevando su rescate a la exagerada suma de 500 escudos de oro. Este malentendido implicó que fuera llevado como esclavo al Baño del Rey, un centro de confinamiento para todo tipo de nacionalidades. Las cartas de las cuales era portador generaron el malentendido: pensaron que habían apresado un noble valioso por el cual su familia podía pagar un gran rescate. Cervantes fue detenido con su hermano Rodrigo, algo que el filme no incluye.

Tampoco hay mención de la vida militar del protagonista que fue un soldado profesional de muchas batallas, en diversos lugares de Europa, la más célebre es la de 1571, la Batalla de Lepanto contra los turcos, donde perdió el movimiento del brazo y la mano izquierda al ser seccionado un tendón por un trozo de plomo de un arcabuz. Lepanto no acabó con la carrera militar del futuro escritor, más bien lo empujó a seguir luchando con las armas españolas en Navarino, Corfú, Bizerta y Túnez. Al concluir esas campañas militares residió tres años en Italia y en 1575 decidió, con su hermano, volver a España desde Nápoles. Los turcos vendieron a los hermanos Cervantes como esclavos en Argel. Un lustro después fueron rescatados por los padres trinitarios al pagar un rescate de 500 escudos el 19 de septiembre de 1580 cuando ambos hermanos se encontraban encadenados a un banco de remeros de una galera.

Martín Fernández de Navarrete, uno de los biógrafos canónicos del autor del Quijote, nos describe el Baño del Rey como una cárcel con aproximadamente dos mil reos, “de 70 pies de largo y 40 de ancho, repartido en altos y bajos, con muchas camarillas y aposentos alrededor”. La población carcelaria era enorme en Argel. El biógrafo consultado habla de veinticinco mil cautivos, en total; versus los dos mil que acogía el Baño del Rey. La misma fuente dice que Azán Bajá “empezó su gobierno para sí tomando arraéces, turcos, y aun de su antecesor, cuantos cautivos de rescate tenían, a excepción de muy pocos, llegó tener en su baño hasta dos mil en el mismo que tenía a Cervantes”. El abundante tiempo disponible hacía que los reos se entretuvieran con juegos, bailes y representaciones, especialmente en Nochebuena, costumbres que aparecen en la comedia cervantina Los baños de Argel y no en la película de Amenábar. 

Otro dato ausente del filme es la violencia cotidiana de la prisión, las reyertas, los castigos, las malas condiciones sanitarias, que eran en verdad las verdaderas causas de tantos intentos de fuga no solo por parte de Cervantes. El monarca Azán Bajá también era parte de la violencia ya que bajo su mandato fueron ejecutados por la horca o a palos centenares cristianos. Esta violencia carcelaria, o la problemática del hacinamiento, no son parte del interés del guion de Amenábar.

Mientras la familia de Cervantes se gasta toda la fortuna familiar para rescatar a los dos hermanos (otro dato ausente en el filme), nunca se llega al monto económico establecido. Las dos hermanas de Cervantes se quedan sin su dote. El resto del dinero los padres redentores, encargados de negociar con el Bajá, tienen que conseguirlo a través de una colecta entre los mercaderes argelinos. Para hacer más verosímil la recolección del dinero, los guionistas se permiten la licencia de darle algunos días libres al prisionero Cervantes. Esto quiere decir que el Bajá le permite dejar el Baño del Rey durante jornadas enteras (un premio por las historias que le cuenta diariamente). Estos paseos permiten que el escritor haga amigos entre los lugareños. 

Durante el lustro que estuvo preso, Cervantes (de indudable talento militar) lideró cuatro intentos de fuga, todos fallidos. El último tuvo como escenario principal una cueva en la que se escondieron (él y catorce compañeros) durante siete meses hasta que fueron delatados por el hombre que les llevaba las provisiones. Hazán Bajá le perdona la vida al prisionero español, pese a sus intentos de fuga, convirtiéndolo (aquí radica el aporte del filme) en un Scherezada masculino, obligándolo a narrar para sobrevivir. Esta licencia dramática, aunque históricamente improbable, resulta conceptualmente brillante: Amenábar propone que Cervantes aprendió a ser Cervantes contando historias bajo amenaza de muerte.

El filme, escrito por Amenábar junto a Alejandro Hernández, se nutre inteligentemente de las propias obras cervantinas: las comedias Los baños de Argel y El trato de Argel, y particularmente, “La historia del cautivo” de la primera parte del Quijote (capítulos 39-41). Estos textos ofrecen un mapa íntimo de aquellos años: las dinámicas carcelarias, los intentos de fuga, los espacios exóticos como los baños turcos que Amenábar recrea con atmósfera sensual y claustrofóbica. La ausencia de mujeres en pantalla hasta el tercer acto —cuando aparece Zoraida en un relato oral de Cervantes dentro del relato cinematográfico— es una decisión que concentra la tensión en el vínculo entre captor y cautivo, entre el poder y la palabra.

La escena homoerótica entre el Hazán Bajá y Cervantes es, sin duda, el elemento más polémico del filme. Antes de ella hay algunas escenas en el baño turco en las que vemos cuerpos semidesnudos de los sirvientes y los cortesanos. De hecho, cuando Miguel despierta de un golpe que lo ha noqueado, se ve desnudo bocabajo, mientras recibe aceitosos masajes sensuales por parte de un esclavo. Con este tipo de escenas, vemos cómo Amenábar no teme explorar la especulación que desde hace décadas recorre ciertos círculos académicos sobre una posible homosexualidad de Cervantes; sin embargo, como señala José Manuel Lucía Megías —uno de los propios asesores del director—, lo queer no tiene asidero sólido en ninguna de las obras cervantinas. No hay en su corpus literario indicios consistentes de esta orientación, y atribuirla resulta más un ejercicio de proyección contemporánea que de rigor filológico.

¿Estamos entonces ante una provocación gratuita? No necesariamente. Amenábar parece menos interesado en hacer una declaración sobre la sexualidad de Cervantes que en explorar las dinámicas de poder, seducción y sometimiento que operan en el cautiverio. La polémica escena funciona como metáfora: el escritor está a merced de su captor, quien puede poseerlo de todas las formas imaginables. Es Hazán Bajá quien besa a Miguel sin recibir la misma respuesta apasionada. El monarca le hace una pregunta que recibe el silencio del escritor: “¿Te gustó o sientes miedo?”. El que parecería tener miedo de ir más allá es el cineasta que inteligentemente deja ahí el acercamiento de la autoridad hacia el subyugado. 

Que esta posesión (fruto de la relación de poder) adquiera tintes eróticos intensifica la vulnerabilidad del protagonista y la complejidad de su relación con el Bajá, quien oscila entre ser el verdugo, el mecenas y el oyente más fascinado. El riesgo, claro está, es que la escena sea leída como oportunismo de un cineasta que busca titulares más que una verdad dramática. Y para los que conocen la obra de Amenábar, sabemos que él es un pequeño gran Cervantes, un contador de historias nato al que le interesa desovillar un buen relato audiovisual. Por algo tiene a su haber el Óscar por Mar adentro, mejor película extranjera del 2004.

La estructura narrativa del filme –con el Padre Antonio de Sosa como narrador que advierte desde el principio que “El infierno está aquí en la tierra”– establece el tono: no estamos en el territorio de la hagiografía ni de la aventura romántica, sino en el del dolor que transmuta en creación. Cuando Sosa (un teólogo que en verdad existió) le advierte a Cervantes sobre las consecuencias de la fuga —“La muerte más larga y espantosa. Eso espera al autor de una fugada. Esto no es un cuento, hijo. Esto es la vida real”— el filme establece su tema central: la tensión irresoluble entre ficción y realidad, entre el deseo de libertad y las cadenas que, paradójicamente, pueden forjar al artista. El padre Sosa (figura histórica que también estuvo encarcelado en el Baño del Rey) prefigura de cierta forma al escritor en el que Cervantes quiere convertirse. El viejo sacerdote siempre está escribiendo, registrando, haciendo la crónica de la cotidianidad del Baño del Rey. En una de las escenas climáticas, Cervantes le cuestiona sobre los manuscritos acumulados que no verán la luz. Este señalamiento hiere al cronista, pero esconde una verdad: el teólogo Sosa es autor de Topografía e Historia General de Argel y Diálogo de los mártires de Argel, uno de los documentos históricos más relevantes sobre el dominio de los turcos sobre Argel.  

Esto se ve, más que nada, en la entrada que hacen a la fortificación dos personajes muy parecidos a Don Quijote y Sancho Panza que son llamados los Redentores por los prisioneros, rescatistas, representantes del papado y el enlace entre las familias de los cautivos y las autoridades. El plano general de ambos cruzando el umbral de la prisión es importante porque nos da la imagen exacta con la cual ambas criaturas de ficción han pasado a la posteridad. 

La imagen con la que nos quedamos de este filme es la de un joven soldado —“Lo suyo no son las armas, lo suyo es contar historias”, dice de él otro cautivo— que descubre su verdadera vocación en el lugar menos propicio. La escena en la cueva, donde Cervantes y catorce compañeros aguardan fugados durante meses un barco español que nunca llega, cristaliza esta transformación: “Pasaron muchos días, semanas. Y entonces él les empezó a contar todas las historias que había leído. Y, muchas veces volvía a lo que ya había contado y lo convertía en algo nuevo”. Aunque también es una alusión a la caverna de Platón, aquí está, en esencia, el método cervantino: la reescritura, la variación, la capacidad de hacer que lo viejo sea nuevo. El supremo contador de relatos nace en la oscuridad de una gruta argelina antes de cumplir 30 años.

Una de las revelaciones más sugestivas del filme ocurre en el tercer acto: el origen del segundo apellido de Cervantes. Saavedra no sería un apellido familiar sino un apodo árabe, shaibedraa, que significa “brazo tullido” o “el manco”, mote adoptado tras su liberación. Esta etimología —que fusiona el trauma físico con la identidad literaria— resulta poéticamente perfecta, aunque su veracidad histórica sea discutible. Lo relevante es que Amenábar convierte la herida en algo irresistiblemente simbólico: Cervantes es quien escribe con el brazo que le queda, quien transforma la mutilación en su marca distintiva. Y así el cineasta resuelve uno de los errores más difundidos: Cervantes no era manco por ser amputado, tenía su brazo intacto, pero completamente inmovilizado.

Un aspecto importante que está ausente en el filme es la influencia del mundo árabe en la cosmovisión de Cervantes. La historia del cautivo en el Quijote (que tiene como protagonista a Zoraida) usa la premisa de la aparición de dos papeles escritos en árabe que deben ser descifrados. La lengua que se habla en el contexto de este relato es, según el narrador cervantino, “una mezcla de todas las lenguas, con la cual todos nos entendemos”. En el mismo capítulo 41, el cautivo se referirá a esa forma de comunicación como “una bastarda lengua”. Este territorio lingüístico crucial no está ni siquiera aludido en el filme. Ni siquiera una alusión a su alter ego, Cid Hamete Benengeli, quien solo pudo haber surgido de su conocimiento de la lengua árabe. Ben Engeli (nos recuerda Martín Fernández) significa hijo del Ciervo o cervateño, alusión al escudo de armas de la familia de Cervantes. En la segunda parte del Quijote (nada más para reforzar la importancia del árabe en el mundo del Quijote), el narrador reflexionará sobre el origen arábigo de palabras como almuerzo, alhambra, alguacil, alacena, alcancía… Los guionistas deciden no incluir nada de esto en el filme, ni siquiera un diálogo en árabe que permita al personaje de Cervantes lucir su conocimiento de la lengua. 

El rescate de 500 ducados de oro —una fortuna para la época— subraya el valor literal que los moros le atribuyeron a su vida, pero el filme sugiere que el verdadero rescate fue interior: el descubrimiento supremo de cómo contar historias no es una afición sino una necesidad existencial. Cuando Cervantes le dice al Bajá “Quiero que la gente de mi tierra me lea. Toda la gente”, formula la ambición democratizadora que distinguirá a su Quijote: escribir no para las élites cortesanas sino para todos los que saben leer, incluso aquellos que leen “hasta los papeles tirados en la calle”, como se presenta Cervantes, al principio del filme, citando el prólogo de su obra maestra.

El filme cierra con una imagen de molinos de viento mientras Cervantes regresa a España. Aquí se hace realidad la frase con la que se despide un prisionero: “Nos vemos en La Mancha”. Es un detalle quizá obvio pero eficaz: Amenábar nos ha contado el proceso de transformación de un joven soldado en el creador de Don Quijote. Los molinos funcionan como promesa, como anticipo de la locura esplendorosa que Cervantes aún no ha escrito pero que ya late en su experiencia: la lucha contra gigantes que solo existen en la imaginación, la insistencia en la ficción como la forma superior de la verdad.

Hazán Bajá (que se parece mucho al actor italiano Franco Nero) le dice en un momento crucial: “Cervantes, el más grande impostor que conozco”. La frase condensa la paradoja cervantina: el escritor es impostor porque inventa, pero sus invenciones revelan verdades que la realidad no puede contener. En este sentido, El cautivo apuesta a que esas verdades nacieron en Argel, en el infierno terrenal donde un joven manco aprendió que las historias no solo entretienen: sino que también liberan, salvan y fundan identidades.

¿Es El cautivo una biografía rigurosa? No, es una obra audiovisual con licencias ficcionales de mucha valía estética. ¿Es una especulación responsable sobre los años formativos de Cervantes? Tampoco del todo, es más bien un libérrimo ejercicio de imaginación histórica que ilumina las conexiones entre vida y obra, entre trauma y creación. El filme de Amenábar tiene la valentía de asumir sus propias invenciones. Al fin y al cabo, Cervantes —el más grande impostor— habría comprendido que la ficción es el único camino hacia la verdad.​​​​​​​​​​​​​​​​ Vale.

EL BIOCINEMA: LA EUTANASIA COMO TEMA DE LA CIENCIA EN EL SÉPTIMO ARTE

Introducción

El biocinema es una categoría que surge a principios del año 2005 en España, en la Universidad Pompeu Fabra. Constituye un membrete que abarca películas que tienen que ver con la biomedicina y la bioética. En dicha universidad se abrió un espacio con el nombre de biocinema para discutir con el alumnado películas relacionadas con la vida y sus diversos aspectos intrínsecos. Es por eso que al final de este trabajo se podrá encontrar una guía para discutir en un cine foro la película Mar adentro.

El objetivo de este trabajo será definir el biocinema, su importancia y revisar qué películas de alcance masivo pueden ser incluidas dentro de ese categorema. Una vez hecha esta revisión nos centraremos únicamente en el tema de la eutanasia como parte importante del biocinema para desembocar en el análisis de Mar adentro (2005) de Alejandro Amenábar, ganadora del Oscar a la mejor película extranjera. Como parte de la estrategia de la comunicación pública de un tema tan delicado resulta periodísticamente obligatorio no dar únicamente opiniones positivas sobre la forma en que Amenábar maneja el tema de la eutanasia; también consignaremos dos opiniones en contra del polémico filme. Analizaremos, además, cómo el cine ha visitado frecuentemente el tema de la eutanasia convirtiéndolo en una importante forma de comunicar aspectos éticos de la ciencia en el cine. Para cerrar el trabajo, incluimos una guía de preguntas para organizar un cine foro alrededor de Mar adentro.

 ¿Qué es el cine?

El cine es el arte suma de todos los artes. Etimológicamente significa imágenes en movimiento (viene de kine y matos). Cuando hablamos de cine en este trabajo, estamos refiriéndonos exclusivamente al cine de ficción (no confundir con ciencia ficción) por oposición a un cine de la verdad. En otras palabras, el género documental queda desterrado de este trabajo de investigación.

 ¿Qué es el biocinema?

Es un subgénero cinematográfico de ficción que abarca películas que tocan tanto el tema de la biomedicina y la bioética. Es también la discusión vital sobre películas que tocan temas de estas dos áreas concernientes a la vida (bio).

Ejemplos de biocinema

Outbreak (1995), difundida con el título de Estallido, dirigida por Wolfgang Petersen, es el primero de los ejemplos que hemos encontrado en esta categoría de biocinema. Este filme, protagonizado por Dustin Hoffman, Morgan Freeman y Rene Russo, muestra cómo un agente mortal puede convertirse en un gran peligro para una comunidad y cómo los políticos y los científicos deben tratar esta problemática. Es una historia enmarcada dentro de la bioética por los compromisos éticos que implican manejar una crisis sanitaria y las armas biológicas.

The boys from Brazil (1978), difundida como Los niños del Brasil, protagonizada por Gregory Peck y Laurence Olivier, y dirigida por Franklin J. Schaffner, es una película sobre la clonación de Adolfo Hitler por parte de una elite científica alemana. Bioética, al fin y al cabo. Pese a ser filmada antes de terminada la década de los setenta toca un tema científico que logrará estar en boga durante los siguientes años.

Mary Shelley´s Frankestein (1994) de Kenneth Branagh, difundida como Frankestein de Mary Shelley retoma la popular novela victoriana. La responsabilidad ética del científico y sus límites constituye la premisa dramática.

Lorenzo´s oil (1992), difundida como El aceite de Lorenzo, dirigida por George Miller y protagonizada por Susan Sarandon y Nick Nolte, narra la extraña enfermedad de un niño que lo deja en coma durante años. La película, que ingresa en el terreno de la bioética, pone en evidencia la falta de consideración de los pacientes cuando son incluidos en ensayos clínicos. También pone en el tapete la falta de atención y de concentración de ciertos doctores cuando se presentan este tipo de enfermedades raras. Al final quienes logran en el filme resolver el rompecabezas científico sobre cómo combatir la enfermedad son los mismos padres. Esto señala como culpables a los médicos que no se acogen a una ética científica que los puede llevar a investigar más para dar con la cura de una enfermedad. Los padres (sobre todo el personaje de Nick Nolte) asumen el rol del científico empapándose del tema para dar con una cura después de años de coma por parte de su hijo.

 Importancia del biocinema

Si la cinematografía va de la mano con la ciencia, significa que la primera testimoniará los avances de la segunda. Pero no se conformará con registrar los progresos científicos. Al mismo tiempo que entretiene se dedicará a ensalzar o criticar, dependiendo del punto de vista del director.

El cine comercial de ficción procedente de Norteamérica no se destaca precisamente por su fidelidad a los hechos. Siempre se tiende a omitir detalles y la forma en que este cine comunica públicamente la tecnociencia siempre deja mucho que desear.

La gente no va al cine a aprender sobre biomedicina o bioética (sobre ciencia al fin y al cabo). El espectador común y corriente acude a la pantalla silverada por mero escapismo o entretenimiento. De allí que la importancia del biocinema radica en la forma en que un filme logra que el espectador común y corriente tome conciencia sobre un tema científico (en este caso procedente de la biomedicina y la bioética). Por eso hemos escogido Mar adentro, en la medida en que se trata de un filme que logró una difusión internacional y que logró levantar una polémica que continúa.

Definición de eutanasia

Etimológicamente la palabra «eutanasia» significa «buena muerte» (dignified death, dicen los gringos). Históricamente este término se ha utilizado para describir actuaciones destinadas a facilitar la muerte de enfermos terminales. Por lo general han sido prácticas realizadas por los médicos, pero no siempre. Para tratar de facilitar la valoración moral de dichas prácticas variadas se le añadió a la palabra eutanasia adjetivos como «activa o pasiva», «directa o indirecta», «positiva o negativa», que al final han generado una gran polémica.

La tendencia actual es restringir la palabra al acto realizado por un profesional sanitario a petición expresa e insistente de un paciente que padece un sufrimiento derivado de una enfermedad incurable (inaceptable para el paciente).

La eutanasia en el cine

Uno de los temas más visitados en el cine es la eutanasia, definida también como “muerte asistida”. Uno de los filmes más importantes que ha dado el cine norteamericano sobre este tema es Whose life is it anyway? (1981) de John Badham. Difundido con el título de Al fin y al cabo es mi vida, el filme está protagonizado por Richard Dreyfuss que interpreta a un hombre que pide la eutanasia después de un fatal accidente de tránsito que lo deja parapléjico. Ken Harrison (Dreyfuss) es un escultor que queda paralizado en todo el cuerpo, de manera que sólo puede hablar. En el hospital dispone de una pequeña zona aislada, y todos los que le atienden simpatizan con él ya que es amable y tiene sentido del humor a pesar de su trágica situación. Con el tiempo Harrison llega a la determinación de que quiere morir, debido a que su vida carece de sentido. Deberá enfrentarse a los tribunales, ya que sólo ellos pueden autorizar a los médicos a dejarle salir del hospital, que para él equivale a la muerte ya que le dejan sin la ayuda necesaria para su supervivencia.

Las invasiones bárbaras (2003) de Dennys Arcand es un filme canadiense que explora con inteligencia el tema de la eutanasia. Rémy, divorciado, 50 años y pico, está hospitalizado. Louise, su ex mujer, llama a Sébastien, el hijo de ambos, que vive en Londres. Sébastien lo piensa detenidamente, ya que hace tiempo que él y su padre no tienen nada de que hablar. Por fin decide volver a Montreal para ayudar a su madre y apoyar moralmente a su padre. El director canadiense muestra en esta obra coral los beneficios del uso de los drogas con fines terapéuticos y defiende con firmeza y naturalidad una muerte digna para quienes así lo elijan, convirtiendo en un auténtico drama esta amarga comedia. La extraordinaria forma de narrar la etapa final del protagonista cubierta con dignidad, emotividad y hasta alegría, en un final en el que cada uno encuentra espacio para su propia reconciliación.

Million dollar baby (2004) relata la vida de un entrenador de boxeo interpretado por Clint Eastwood. Él llega a tener como pupila a Maggie (Hillary Swank) que será la pugilista que corresponderá al título del filme. En la disputa de un campeonato mundial la chica del millón de dólares queda cuadrapléjica. El personaje interpretado por Eastwood, al inyectar por vía endovenosa cantidades masivas de adrenalina hasta producir un paro cardiorrespiratorio a la protagonista, parece ser una acción plenamente eutanásica. Quizás lo único que desdibuja levemente lo que sucede es la poco lógica secuencia de los actos, que comienza por la desconexión del respirador de la protagonista, y que quizás pueda achacarse a la condición de no profesional sanitario del entrenador de boxeo interpretado por el gran Eastwood.

El caso de Mar adentro

Los modos de morir se modifican cada vez más en la aldea globalizada, cuando el presente y futuro de pacientes terminales quedan prisioneros de la hospitalización, la medicina y la tecnología.  Cautivo de su autonomía o sometido al encarnizamiento terapéutico (distanasia), médico y paciente, se enfrentan a un problema ético si se busca una muerte digna (dignified death), vía eutanasia.

¿Por qué debe ser considerada legítima la elección de morir, con asistencia, cuando un sujeto asume su responsabilidad sobre ella? Las leyes de  Suiza, Bélgica, Holanda y el estado de Oregon permiten que cientos de pacientes en estado terminal, mentalmente competentes, reciban drogas fatales recetadas por un médico.  ¿Qué del resto del mundo? 

Como contraparte es importante el caso público del español Ramón Sampedro, cuya muerte en 1998 superó a la ficción y cuya  vida fue hecha película, gracias al director, actores y al género cinematográfico denominado biocinema, que enfoca la biología humana, desarrolla competencias genéricas a través de cine debates, grupos de trabajo y presentaciones orales, estimulando discusiones sobre las implicaciones sociales y bioéticas del papel del científico biomédico en un mundo complejo.

 “El cine es la memoria del mundo”, expresión de Michel Piccoli, señala el carácter histórico, estético e  ideológico de este arte; y aunque nuestra vida supera a la ficción, existen producciones cinematográficas que recogen lo más íntimo de la fortaleza y fragilidad humana.  Así nos hace sentir la historia real del tetrapléjico gallego Ramón Sampedro, cuya vida y muerte  recreadas en el film de Alejandro Amenábar, nos hacen reflexionar sobre el derecho a la muerte.

En vida Ramón Sampedro se había convertido en el primer español en reclamar el derecho a la eutanasia.  En 1994 había declarado frente a los jueces: “Mi mente es la única parte de mi cuerpo que todavía está viva.  Soy una cabeza viva, atada a un cuerpo  muerto”.  De nada le sirvió acudir a los juzgados de Barcelona y La Coruña para que le permitieran rechazar las sondas con las que se alimentaba, o que los médicos le recetaran sobredosis de fármacos antidoloríficos. Después recurrió, también sin éxito, ante las audiencias de Barcelona y La Coruña, por lo que ambas negativas del tribunal constitucional lo condenaron a vivir.

A partir de ese momento fue consciente que sólo podría morir de forma clandestina. Sampedro  fue entonces el primero en planificar en forma meticulosa su muerte, como  luego se vería en los noticiarios españoles, cuando Antena 3 TV mostró el video de la agonía de este marino español, quien a los 25 sufrió un accidente que lo dejó inmovilizado por 29 años.

¿Cuál fue la pretensión del director Alejandro Amenábar con su filme?  “No sólo abrir un debate nacional sobre la eutanasia”, dijo en una entrevista concedida como parte de su gira de medios, “sino recrear el lado humano de este hombre, cuya vida buscó defender la libertad de elección, quien además escribía poemas y publicó dos libros”.  Fue después de leerlos, investigar más sobre su vida y conversar con su familia, que el cineasta comprendió que habían muchas más razones para rodar su historia, que en su momento acaparó la expectativa creada por los noticieros nacionales.

Cuando Javier Bardem recibió su segunda Copa Volpi por la caracterización de Ramón Sampedro, dijo que “el cine debe hablar sobre cómo  las instituciones políticas y religiosas condenan al ser humano a no ser libre en sus derechos y que tanto Mar Adentro, como la película Vera Drake, ganadora del León de Oro, hablan de nosotros, de la gente”.

El  motivo organizador de este relato fílmico es recogido desde el 12 de enero de 1998, cuando asistido por un grupo de once amigos, Ramón Sampedro ingirió cianuro, sin que nadie quedara incriminado.  Con anterioridad repartió once llaves de su departamento entre sus amigos.  A cada uno encomendó una tarea: uno compró el cianuro; otro lo analizó, el siguiente calculó la proporción de la mezcla, una cuarta persona lo trasladó de lugar; el quinto lo recogió; el sexto preparó el brebaje, el séptimo lo introdujo en un vaso; el octavo colocó el sorbete para que Ramón, imposibilitado del cuello para abajo, pudiera beberlo; el noveno lo puso a su alcance.  Una décima persona recogió la carta de despedida que garabateó con la boca.  Y otra, tal vez la más importante, se encargó de su último deseo: morir, y de grabar en video el acto íntimo de su muerte, pero con el estigma de la clandestinidad. En 1999 la causa judicial fue archivada, y, cuando el delito prescribió, Ramona Maneiro, compañera sentimental de Ramón, reconoció que “ayudarlo a morir fue un acto de amor”.

Una música vívida (escrita por el mismo Amenábar) acompaña a la fotografía impecable de este film. El paisaje de Galicia, los primeros planos y contraplanos, junto con flashbacks y la emotiva actuación de cada miembro del reparto, nos van capturando en una atmósfera que nos enseña como decía Ramón Sampedro “cuan preciada es nuestra vida y lo afortunados que somos de tener, una vida digna”.

Opiniones en contra de Mar adentro

Según Damián Muñoz (ver bibliografía) la película omite un dato fundamental: Ramón Sampedro sufrió una lesión medular a nivel de la séptima vértebra cervical. Con una rehabilitación adecuada, según Muñoz, podría haber movido los brazos y las manos y, por supuesto, podría haberse suicidado sin ayuda de nadie. Pero él se negó a recibir esa rehabilitación y emprendió una batalla jurídica para que se le reconociera el derecho a que alguien le ayudara a suicidarse. Además, llegó a poner a los que le querían en una encrucijada de demostración de cariño pidiendo colaboración con su suicidio. “Quien me ama es quien me ayuda a morir”, decía.

El mismo Muñoz halla contradictoria la película en relación con el libro original. Las memorias de Sampedro tituladas Cartas desde el infierno muestran una visión no tan solidaria de los tetrapléjicos: “la escoria de la vida, las piltrafas”, “taras de cuerpos deformes”, “patéticas sillas de ruedas”, “carnes y mentes atrofiadas”; “piltrafas humanas”; “cerebros sin cuerpo”; “sólo somos de los vivos el espanto”, «se dejan engañar o escuchan lo que quieren oír para espantar sus miedos… La mayoría tienen atrofiado el sentido de la autoestima, el pudor y la dignidad. La inmensa mayoría no quieren, ni les dejan, ver su propia realidad… Aceptar la silla –me refiero a un tetrapléjico– es aceptar la apariencia de persona cuando no se es más que una cabeza”.

Según Jerónimo José Martín (ver Fuentes al final del trabajo) el filme de Amenábar se trata de una descarada y sentimental apología de la eutanasia y el suicidio. Para Martín la película defiende un concepto de libertad entendida como una autonomía personal casi sin límites, ni morales ni legales, sólo controlada por la propia conciencia.

Estas dos opiniones en contra de Mar adentro quedan consignadas para que este trabajo tampoco sea una apología a una película que internacionalizó el tema de la eutanasia.

Conclusiones

1)      Si el biocinema es la discusión sobre temas que le atañen a la biomedicina y la bioética, entonces Mar adentro por su alto contenido polémico calza perfectamente en la categoría.

2)      El filme por ser una ficción cinematográfica sobre una realidad autobiográfica se toma libertades artísticas, licencias que implican cambios y retoques de la realidad recreada. Mar adentro no es un documental o un reportaje periodístico, por lo tanto, no tiene por qué ser tan fiel a la obra en la cual se basa. En este sentido, el personaje de Sampedro que construye el guión de Amenábar es distinto del yo autobiográfico de Cartas desde el infierno.

3)      La eutanasia tiene una realidad social: pocos países la han legalizado. Por lo general, hay un rechazo por parte de la sociedad que estigmatiza al que pide la eutanasia. La película muestra muy bien la forma en que la lucha por morir de Sampedro impacta a la sociedad española. El bien morir no es algo que se queda entre cuatro paredes. A la manera de la piedra que se arroja a un lago, los círculos concéntricos alcanzan a todos los estratos.

4)      La eutanasia tiene una realidad familiar: los que son parte del entorno del paciente están divididos entre el deseo de no verlo sufrir más y de querer que siga vivo. Sin embargo, la muerte asistida podría multiplicar el número de personas que hieren a sus familiares practicando la eutanasia sin el conocimiento de los más allegados.

5)      La eutanasia tiene una realidad individual: cada ser humano es dueño de su vida y de sus actos. Desde este punto de vista, el paciente que pide la eutanasia está libre de hacerlo. No obstante, queda el dilema ético, la disyuntiva moral y por ende la estigmatización social. En este caso, la película de Amenábar defiende la libertad de elección: un hombre decide contra y viento y marea dejar de vivir.

6)      La eutanasia tiene una realidad religiosa: la vida es un bien que pertenece a Dios. Por lo tanto, el que quiere quitarse la vida para no sufrir más está eludiendo un obstáculo que la divinidad le ha puesto en el camino. Además, está yéndose en contra de la entidad que lo ha creado.

7)      La eutanasia tiene una realidad íntima o amatoria ya que afecta al compañero o compañera sentimental en el caso del filme. De hecho, la pareja de Sampedro asegura que se trata de un acto de amor el haber coadyuvado a la muerte del paciente.

8)      La eutanasia tiene una realidad legal: la vida es un bien jurídico que no puede ser violentado. La sociedad y sus leyes impiden que los pacientes acaben con sus vidas de manera indirecta a través de otras personas.

9)      La eutanasia tiene una realidad científica: si los enfermos terminales tienen una muerte asistida se reducen las posibilidades de estudiar el mal que poseen y de salvar vidas posteriormente.

10)  No existe eutanasia activa o pasiva, directa o indirecta, positiva o negativa. Existe la eutanasia a secas. Hay un paciente que no puede acceder a la muerte por su propia mano y necesita instrumentalizarla a través de otros.

 GUÍA PARA EL CINE FORO DE MAR ADENTRO

1)      Defina lo que es la eutanasia

2)      Defina lo que es el biocinema.

3)      ¿Qué películas representativas pueden ser incluidas dentro de la categoría de biocinema?

4)      Defina el punto de vista jurídico que se da en el filme con respecto al tema de la eutanasia

5)      Defina el punto de vista humano que se da en el filme con respecto al tema de la eutanasia

6)      Si usted tuviera a Ramón Sampedro como uno de sus familiares, ¿cuál sería su posición ideológica? ¿Lo ayudaría a morir?

7)      ¿Qué personajes dentro del filme están a favor y en contra de Sampedro?

8)      Explique cuál es la metáfora del mar adentro dentro del contexto poético del filme.

9)      ¿Cuántas personas asisten en su muerte a Sampedro? ¿Qué opinión le merece el respecto?

10)  ¿Cuál película de las que se nombra en este ensayo, aparte de Mar adentro, le parece a usted representativa por tocar el tema de la eutanasia?

11)  Organice un debate tomando por un lado a los alumnos que están a favor de la eutanasia y por otro lado tomando a los alumnos que están en contra del tema. En la misma mesa redonda debe haber un alumno que defienda la realidad jurídica de la eutanasia y otro que argumente el discurso científico.

 FUENTES

1) Adivina quién cumplió cien años (Guayaquil, Manglareditores, 1996) de Marcelo Báez

2) Cine y sicoanálisis (Quito, Abya Yala, 1997) de Sonia Navarro

3) El gabinete del dr. Cineman (Guayaquil, Casa de la Cultura, 2006) de Marcelo Báez

4) Biocinema: la experiencia de emplear películas comerciales con estudiantes de Biología (Josep-Eladi Baños Díez, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 2005)

5) ¿Qué es y qué no es la eutanasia?:

http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/cineutanasia.htm#Cuando%20el%20destino%20nos%20alcance

6) Eutanasia y cine  de Damián Muñoz (Coordinador del Máster en Cuidados Paliativos del Hospital La Paz de Madrid) en http://www.ConDignidad.com

7) Sentimental apología de la eutanasia de Jerónimo José Martín en la siguiente página web: http://www.muertedigna.org/textos/euta301.html

8) Artículos de http://www.eutanasia.ws/textos/DMD

9) Articulos de htp://www.zonapediatrica.com/bioetica/eutanasia-bioetica.html

10) Periódico El Mundo: “La muerte en directo de Ramón Sampedro” disponible en

http://www.elmundo.es/1998/03/05/sociedad/05N0004.html

11)En Holanda ayudan al buen morir.  Septiembre 06, 2004. Disponible en

http://www.ilhn.com/magu/archives/002175.php

12)Una confesión real sobre una vida de película.  Especial para El Clarín.com.

Disponible en http://www.clarin.com/diario/2005/01/12/conexiones/t-902861.htm

13)Amenábar defiende su film “Mar Adentro”.  Europa Press. Disponible en

http://espanol.agonia.net/index.php/article/86092/index.html

14) “El sujeto ante la eutanasia, el suicidio asistido y los médicos”de Gisela Farías. Psicoanalista. Director de la revista Psyché Navegante.. Disponible en http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/psico/01-01/01-01-11/psico01.htm