«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

Los números de 2010

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Números crujientes

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Lugares de interés en 2010

Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.

1

LA GUERRA, MADRE DE TODAS LAS DROGAS marzo, 2010

2

CRONOLOGÍA DE LA HISTORIA DEL CINE noviembre, 2009

3

PALINCESTO ENTRE CINE Y LITERATURA: SOLUCIONES PROVISIONALES PARA UN FALSO PROBLEMA noviembre, 2009

4

Neo en la caverna: UNA APROXIMACIÓN A THE MATRIX DESDE PLATÓN marzo, 2010

5

CIENCIA, TECNOLOGÍA Y MITO EN AVATAR abril, 2010

EL GUIONISTA EN EL INFIERNO

Barton Fink (1991) es la primera película en la historia del cine en ganar la Palm d´or del Festival de Cannes en las categorías de mejor filme, mejor director y mejor actor (John Turturro). Se trata de uno de los títulos paradigmáticos de la carrera de los hermanos Ethan y Joel Coen.

El personaje del título está basado en Clifford Odets, prolífico dramaturgo de gran éxito en los años treinta que fundó junto con Harold Clurman, Lee Strasberg y Cheryl Crawford la famosa escuela del método.

El tema del filme es Hollywoodlandia y sus intrincados laberintos. La premisa dramática resulta creativa por la forma en que es desarrollada: un dramaturgo es contratado en 1941 para escribir una película sobre lucha libre. La instrucción es muy precisa: debe redactar el guión pensando en Wallace Beery, importante actor de la época.

El detonante está planteado por el personaje de Jack Lipnick (Michael Lerner), el tiburonesco ejecutivo que lo contrata: «Sólo estamos interesados en una cosa, Bart. ¿Puedes contar una historia? ¿Puedes hacernos reír? ¿Puedes hacernos llorar? ¿Puedes hacernos emocionar con una canción alegre? ¿Puedes hacer más de una cosa? Okay!». A partir de este catalizador nos adentramos en el mundo de las historias y se plantean de manera subliminal preguntas como: ¿Qué es un contador de historias? ¿Qué es una historia? ¿Cuáles son los mecanismos para crear una? El filme va respondiendo cada interrogante de manera irónica.

El ejecutivo le explica al guionista primerizo por qué ha sido escogido: «Tú conoces la poesía de las calles».

El primer nudo de la trama se concentra en una conversación crucial entre Ben Geisler, uno de los productores, y el aspirante a guionista. Barton Fink le hace una revelación que cambiará el rumbo de la historia: «No puedo escribir el guión». El consejo que recibe es usual en el mundo de los artistas: «Hable con otro guionista». ¿Con quién decide hablar Barton, ese tímido escritor neoyorkino de obras de teatro que intenta triunfar en Hollywoodlandia? Pues con William P. Mahey, personaje que se erige como un homenaje a los novelistas que fueron contratados para trabajar en Hollywoodlandia. El nombre nos acerca a William Faulkner cuyo primer contrato le exigía escribir una película de cachascán para Wallace Beery, pero también puede ser un guiño a Francis Scott Fitzgerald. Este último es más probable, tomando en cuenta el cuadro del alcoholismo severo del consumado guionista.

¿Puede el escritor triunfar en el cine? Esta es una pregunta que formula el filme y que muchos historiadores del séptimo arte y de la literatura se han planteado durante todo el siglo XX. En el nuevo siglo, no tanto. Está claro que a estas alturas cualquiera puede oficiarlas de guionista y que el hecho de ser novelista no le aumenta ni le quita méritos. Un escritor de guiones es un artesano, un esclavo, un peón. El personaje de Geisler lo tiene muy claro: «Los guionistas vienen y van pero lo que siempre necesitaremos son los indios (para los westerns)».

Está claro que el Hotel Earl en el cual se registra el escritor es una metáfora del infierno. De hecho, el botones emerge de una puerta que está situada en el suelo y en el clímax del filme se incendiará apocalípticamente. Dentro de ese Averno el protagonista conoce a otro huésped, Charlie Medows (el inmenso John Goodman) quien se convierte en su confidente y en su apoyo, aunque rara vez  Barton logra concentrarse ya que su vecino irrumpe continuamente en su habitación. Al final Medows le dice al protagonista: «¿Piensas que hice tu vida un infierno? Échale un vistazo a este basurero. Tú eres sólo un turista con una máquina de escribir».

Barton Fink no es un filme sobre el bloqueo del escritor o la lucha contra la página en blanco. Tampoco es una apología del artista incomprendido por más que Barton grite: «Monstruos, soy un escritor. Yo soy un creador. Yo me gano la vida creando. Soy un creador. Un creador! (apuntando con su dedo a su cabeza). Este es mi uniforme». Es más bien una mirada nostálgica a la época de oro de Hollywoodlandia. Es un volver la vista atrás al star system de los viejos estudios. Época dorada en la que se contaba una historia de manera más auténtica, más genuina.

 

El nombre de Sebastián Cordero (Quito, 1972) no le es indiferente a nadie. Sus hermanos mayores Juan Esteban y Viviana Cordero realizaron el filme Sensaciones (1991). Estudió en Southern California University, Los Ángeles, la carrera de director cinematográfico, lo cual le dio no sólo la macro visión de la industria sino todos los contactos requeridos por un artista que desea la proyección internacional. Entre los maestros que tuvo hay que mencionar a Abraham Polonsky (1910-1999), uno de los cineastas más respetados del cine norteamericano en los años sesenta. Acaso el logro más importante de Cordero sea el haber obtenido el premio al mejor guión inédito en el Festival de Sundance por su filme Crónicas (2005). Es, sin duda alguna, el ecuatoriano más internacional en lo que a cine se refiere, sobre todo por su ópera prima Ratas, ratones, rateros (1999), ganadora de varios premios internacionales que posicionó a su país en el mapamundi del séptimo arte. Antes de Cordero la incipiente cinematografía ecuatoriana era conocida por el postalismo, las intenciones turísticas, las historias vacuas y poco trascendentes.

Rabia (2010), el tercer filme de Cordero, se estrenó en España en mayo y en el marco del festival Cero Latitud en Quito, en el mes de octubre. Basada en la novela homónima del Sergio Bizzio retrata la decadencia de una familia burguesa. Cordero y el escritor argentino, trasladan como guionistas, la historia a la Madre España haciendo énfasis en el tema de la migración y toda la violencia que ésta implica.

Ganadora de la Biznaga de oro al mejor filme del Festival de Cine de Málaga y del Premio Especial del Jurado del Festival de Cine de Tokio, este título de Cordero es fiel temática y estilísticamente a sus dos predecesoras. Sus personajes son marginales, marginados, en situaciones limítrofes, transgresores de la ley, que no necesariamente pagan por los crímenes cometidos. Recordemos que en Ratas el personaje de Carlos Valencia es un malhechor de poca monta que se sale a la final con la suya. En Crónicas el pedófilo asesino en serie queda en libertad para seguir delinquiendo. En Rabia el protagonista, comete un asesinato que también queda impune.

José María, interpretado por Gustavo Sánchez Parra (de Amores perros), es un migrante mexicano que se convierte en un homicida por celos. El capataz de la construcción donde trabaja le llama la atención por haber agredido físicamente a un hombre que continuamente le echaba los tejos a Rosa (Martina García), novia de José María. Esto da origen al detonante principal del primer acto que constituye el asesinato del jefe de obra a manos del migrante. Hasta aquí parece una de las típicas historias que leemos en la prensa amarillista que denigra a los migrantes. En manos de Cordero se convierte en una indagación sobre la condición humana.

En vista de que José María no tiene realmente a donde ir decide algo insólito: esconderse en el lugar menos pensado, la buhardilla de la gran casa en la que trabaja Rosa. El gran giro en el segundo acto se da en el momento en el que el protagonista descubre la existencia de una segunda línea telefónica y decide llamar a Rosa. Esta premisa hitchcockiana es la que sostiene toda la trama creando una intriga que no deja de acosar al espectador en forma de preguntas: ¿Por qué cuando la llama por teléfono no le dice dónde está? ¿Por qué no sale de su escondite y le dice a su novia que está viviendo en el ático? ¿En qué momento va a decidir salir? ¿En qué instante será visto el inquilino por los otros?

La casona —producto de un riguroso scouting por parte de Eugenio Caballero (El laberinto del fauno), diseñador de la producción— se convierte en un personaje de relieve. Es un espacio que cobra un valor protagónico. Agazapado entre las sombras de esa vieja edificación, el mexicano vive confinado, al margen de cualquier existencia, incluyendo la de él. El fotógrafo ecuatoriano Enrique Chediak (quien ya trabajó en Crónicas) y posicionado desde hace años en el cine norteamericano, es el culpable de la belleza sórdida de tanta penumbra. Usando la iluminación Rembrandt, Chediak eleva el claroscuro al altar de una gran propuesta visual.

Esa oscuridad de la mansión vieja resulta esencial para la historia. De hecho, el pasillo Sombras se yergue como leit motif. Aparece en los primeros minutos del filme cuando vemos a José María comprando un disco de JJ en un vendedor callejero de CD´s piratas. La canción no sólo que capta el aire fatalista del romance entre José María y Rosa, sino que también sirve para realzar la atmósfera oscura de la casona donde la penumbra siempre reina. Esa gran casa que es el símbolo del esplendor perdido. Es una vivienda que en su momento fue indicio de una prosperidad que ya no existe. Las dos versiones de Sombras que se usan en la banda sonora, tanto la de Julio Jaramillo como la de Chavela Vargas, son representativas en el ambiente latinoamericano. La de la intérprete mexicana, con su voz desgarradora, capta mejor el final taciturno y devastador de Rabia donde no hay cabida para la esperanza.

Un aspecto técnico que enriquece la propuesta visual es la forma en que se mueve la cámara. La movilidad de la misma se vuelve un imperativo en un espacio tan claustrofóbico. Todo el filme habría sido un fracaso si el camarógrafo hubiera estado limitado en su accionar. Las notas de prensa sobre el filme nos hablan del derrumbamiento de paredes. Ahí se entiende la comodidad con la que se desliza la lente, algo difícil de acometer dentro de un espacio tan limitado.

Otro elemento logrado es la serie de paisajes sonoros minuciosamente diseñados. De la docena de técnicos del equipo de sonido habrá que responsabilizar al foley designer y al foley recordist. Como el fugitivo mexicano vive en la clandestinidad las conversaciones que oye siempre se aprecian en un volumen distinto. Mientras más lejos está de los verdaderos habitantes de la casona, más bajo se escucha el audio, convirtiendo el encierro, para los espectadores, en algo más palpable auditivamente hablando.

Loas aparte merece el guión tan bien orquestado en su estructura. Se trata de una obra concisa de noventa minutos que no se alarga más de lo necesario. La pericia dramatúrgica se aprecia en la forma continua y escalonada con la que se insertan los picos dramáticos. Los guionistas no pierden tiempo en lo absoluto y ya al minuto 5 contemplamos la agresión de José María al mecánico del taller que acosa a su novia. Al minuto 10 el protagonista es despedido. En el minuto 15 mata al jefe. Al minuto 20 ya está escondido en la casona. Al minuto 27 Rosa vomita como indicio de estar embarazada. Entre los minutos 40 y 45 se inserta el midpoint (como dice el manual de Syd Field) en la sugerida escena de la violación con el consecuente encuentro entre la dueña de casa (Concha Velasco) y Rosa. No continuamos develando los dispositivos dramáticos por respeto al lector, pero ya hemos dado la idea de la habilidad de los guionistas para impedir que la acción decaiga. Se trata, sin lugar a dudas, de una clase de dramaturgia.

Para concluir, Rabia no es una película más sobre el tema de la migración. No es Sin nombre (2009) de Cary Fukunaga o El arriero (2009) de Guillermo Calle. Mucho menos es Paraíso Travel (2008) de Simon Brand o Fuera de juego (2003) de Víctor Arregui, una de las primeras películas ecuatorianas que se hace sobre el tema del desarraigo. Si vamos más atrás tampoco se asemeja a Flores de otro mundo (1999) de Iciar Bollaín (quien por cierto tiene un papel secundario en la cinta de Cordero). Rabia es un filme que rompe los cánones del cine de migrantes, corriente cada vez más creciente en el cine latinoamericano contemporáneo. Son películas en diversos puntos del continente que se esmeran por recrear la problemática del que se va, del que deja su terruño en pos de horizontes mejores. En Rabia no hay espacios abiertos, persecuciones de migrantes a manos de policías, no hay deportados o indocumentados.  Se diferencia de los filmes nombrados por el tratamiento de la historia: los ambientes cerrados, las atmósferas opresivas y el asignarle al migrante el símbolo de la rata. José María se esconde como un roedor, vive como él, se arrastra como él, inclusive le da un digno entierro a una de sus «amigas» en una caja de zapatos.

El título del filme no corresponde únicamente a la ira sino que también alude al mal sanguíneo que contrae el protagonista por su convivencia con los roedores (no olvidar el fugaz plano en el que se aprecia una mordedura, de rata se entiende, en la mano de José María). Cordero ha logrado meternos en la sique torturada de este migrante que no necesita estar afuera para ser perseguido. Su conflicto es interno. Su infierno nos pertenece.

EL ESPEJO Y LA MEMORIA

Gabriel García Márquez habló a fines de los años noventa del florecimiento (bloom) de un cine en nuestro continente que era la respuesta al boom literario de los años sesenta. La creación que realizó el premio Nóbel colombiano de la Escuela de Cine de San Antonio de Los Baños en Cuba refrenda ese boom. Durante la inauguración en 1986 de la sede de la fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, el autor de Cien años de soledad plantea que el boom cinematográfico debía ser como el neorrealismo italiano: historias nada artificiosas, de escaso presupuesto, “el cine con menos recursos y el más humano que se haya hecho jamás”.

Veinte años después la realidad le da la razón al autor de Memoria de mis putas tristes. Los festivales donde Latinoamérica se mira en el espejo de una pantalla silverada abundan. Está el de La Habana, el de Cartagena de Indias, el de Bogotá; en Europa está el Festival  latinoamericano de Trieste, el Encuentro de Cines Latinoamericanos de Tolouse, el de Lérida, el de Biarritz, el Festceal de Bruselas; en EE.UU. el Festival de Cine Latino de los Ángeles, el Boston Latino Internacional Film Festival y hasta existe un Festival Internacional de Cine Pobre en Cuba que ya va por su quinta edición. Ecuador, que no se está quedando atrás en este proceso globalizador,  ya que cada ano realiza el Festival Iberoamericano Cero Latitud.

Por otro lado, las nuevas tecnologías se ponen al servicio del arte número siete como llamó Riccioto Canudo a un medio que apenas tiene ciento once años de creación. El vídeo de alta definición le da una significación diferente a este arte, a tal punto que Susan Sontag asegura que no hay que distinguir entre cine y vídeo, y pondera la deselitización de una forma de expresión que debe volver a las masas. Un arte no se mide por su soporte, sin por su propuesta audiovisual.

La anulación de las fronteras entre formatos y géneros es también algo saludable a tal punto de que el cineasta latinoamericano visita la ficción y el documental con la misma pasión con la que abordan el cortometraje, el mediometraje y el largometraje. No importa si se filma en vídeo o en 35 mm. Peor si el metraje es de quince minutos, media hora o dos horas. La responsabilidad estética es la misma para Aristarain, Bechis, Gumucio Dagron, Martel, Subiela, Arregui, Luzuriaga, Hermida, Chalbaud, Wood, Ripstein, Salles, Cabrera, Gaviria, Sorín, Triana, Burman, Piñeyro, Birri, Solanas, Lombardi, Puenzo, del Toro, Cordero y Cuarón. Estos últimos cuatro juegan a ser outsiders o insiders, según el proyecto que tengan en mente, demostrando que pueden hacer cine independiente o dependiente del star system norteamericano sin ningún tipo de confusiones o remordimientos. Lo que interesa al cabo y al fin es romper fronteras y esquemas.

En cuanto a lo económico los cineastas o videoastas se las ingenian. Hay becas, fondos de asistencia, bolsas de proyectos documentales, premios para cine en construcción, concursos hispanoamericanos de guiones, fondos de ayuda para desarrollos guionísticos, emisión de bonos para accionistas minoritarios… Esto sumado al auge de Internet y de las escuelas de cine, de productoras y distribuidoras que piensan menos con los bolsillos,  de los auspicios institucionales en mayor medida y gubernamentales en menor medida. Nada detiene a los soñadores de imágenes audiovisuales.

Se dice que el cine es la memoria del mundo. Este boom cinematográfico latinoamericano que estamos viviendo en nuestra lengua, a partir de nuestra realidad, está alimentando y alentando esa memoria. La imagen en el espejo del cine nunca ha sido tan nítida como en este presente de vastas emociones y pensamientos imperfectos.

VARGAS LLOSA Y EL CINE

Extraños y  sinuosos son los caminos de Mario Vargas Llosa por el mundo del cine. Cachorros (1972) del mexicano Jorge Fons (disponible en YouTube en diez partes) fue lo primero del narrador peruano que fue adaptado al celuloide. En 1975 codirigió con el argentino José María Gutiérrez Santos, Pantaleón y las visitadoras. El filme tuvo una deficiente recepción crítica pero tiene como joya una aparición fugaz del mismo Varguitas. Este cameo tiene razón de ser. El escritor peruano tiene vocación actoral desde la época colegial  y de universitario.

En 1985 se estrena una de las mejores adaptaciones del universo vargasllosiano: La ciudad y  los perros de Francisco Lombardi. A través de excelentes actores juveniles se recrea la atmósfera represiva del colegio militar Leoncio Prado. El guionista es el gran poeta peruano José Watanabe. Un año después se volvió a adaptar la misma novela. Esta vez con el título de Yaguar a través de una producción rusa a cargo del peruano Sebastián Alarcón.

En 1990 el cine norteamericano adapta La tía Julia y el escribidor en una extraña versión titulada Tune in tomorrow (Sintonícenos mañana). El rol de Martín (apedillado bizarramente Loader) recae en un inverosímil Keanu Reeves y el de la tía en la femme fatale Barbara Hershey que venía de interpretar a María Magdalena en La última tentación de Cristo (1988). El papel de Pedro (aquí Carmichael) recala en Peter Falk.

En el 2000 Lombardi arremete con una segunda adaptación de Pantaleón y las visitadoras que apela al lado erótico. Se usa el cuerpo de la colombiana Angie Cepeda como vehículo comercial. Melodrama. Telenovela de dos horas.

La guerra del fin del mundo, acaso la mejor novela del Premio Nobel, tiene un origen cinematográfico. Fue un encargo del brasileño Ruy Guerra a mediados de los años setenta. A la final la película no fue rodada por falta de presupuesto. Para realizar el guión, el novelista peruano leyó centenares de libros sobre la Rebelión de los Canudos, ocurrida en Bahía a fines del siglo XIX,  y liderada por el Consejero, una versión criolla del mesías. Al no filmarse el guión le quedó regalada la historia. La investigación ya estaba hecha y el fabulador no hizo más que sentarse a escribirla entre 1977 y 1980. Con esta novela Vargas Llosa dio un giro total a su narrativa ya que nunca había escrito algo de semejante profundidad y densidad histórica.

Enfermedad gravemente dócil que consiste en dejarse subyugar por imágenes proyectadas a través de esa caverna de Platón que es el arte número siete. La fiebre acapara los sentidos y lo único que absorbe la retina son imágenes de películas. El cinéfilo acepta su padecimiento. La exhibe. No se inhibe. Presume de ella. A diferencia de cualquier otro adicto sabe que su mal tiene una sola cura: más y más películas. Síndrome de abstinencia: el parpadeo interminable de una mirada que solo ansía más y más cine de arte y ensayo, más títulos nominados al Oscar o al Razzie. ¿Quién ha dicho que la cinefilia tiene buen gusto? Hay que consumir de todo: slasher movies, popcorn movies, teenage movies… Toda la bazofia posible. ¿Cómo saber qué es un buen filme si no te has atiborrado de lo mejor de lo peor? Qué delicia poder degustar de historias estúpidas y superficiales que le hagan el equilibrio a títulos de Bergman, Fellini o Antonioni. El remedio resulta mejor que la dolencia. Espectar y espectar que el mundo se va a acabar. ¿Grupos de terapia? A diferencia de los alcohólicos anónimos, los cinéfilos no se paran en plena sala y dicen:” Mi nombre es Marcelo Báez Meza y soy un cinéfilo. Nadie va a responder: «Hola, Marcelo». Es otra la contestación. «Hijueputa, ya siéntate», te espetan los cinéfilos anónimos que acuden a esos templos que son las salas de cine. Más anónimos que nunca en esa penumbra hecha de soledades que vale $ 4,25 de viernes a domingo y $ 3,00 el resto de días. La gente que asiste a los cines son los verdaderos grupos de apoyo donde todos se dan una mano ignorándose. Uno no llama en la mitad de la noche al coach emocional y le dice: «Estoy a punto de recaer. Voy a ver una película de Adam Sandler».  Uno llama a los amigos y les dice: «Vamos a ver una de Sandler, así que traigan los nachos y las cervezas». Ese es el mejor grupo de apoyo que puede tener un cinéfilo nada anónimo como yo. Nadie va a un laboratorio a hacerse un examen para medir el nivel de intoxicación en la sangre. Ningún laboratorio te dice: «Usted ve demasiados dibujos animados. Su sangre está verde de tanto Shrek y hay restos de Bolt, Madagascar y Walle. De hecho, hay que estar verdaderamente enfermo de cinefilia para saber que Walle significa «waste allocation load lifter earth class». Hay que ser un doliente terminal de cinemanía para contestar los pop quiz del sitio web de Cinemark. No es que no haya plata para las entradas. Nunca está de más ganarse unos tiquetes por contestar esas fruslerías que sólo saben los que han visto un filme una y otra vez. El cinéfilo que se sabe realmente en estado de virulencia se diferencia de cualquiera porque no lee las películas, sino que las relee a millares surgir, las mira una y otra vez, hasta saberse los diálogos más importantes. Estar verdaderamente enfermo del séptimo arte (septicemanía, le decimos los de la secta) es creerse igual en físico a Jim Carrey y ver su última película (Yes, man) la nada despreciable cantidad de dieciocho veces. Y no estamos hablando de verla en una copia ilegal en vídeo (la videofilia puede ser un tema para otra confesión). No. Un padeciente de verdad asiste a Cinemark o Supercines por lo mínimo tres veces a la semana. Por no decir cuatro. Parte de la enfermedad es también cierta inclinación espontánea y natural hacia la mentira. Creamos grandes mitos alrededor de nuestra infección audiovisual. Por lo tanto, que nadie crea descubrir el agua seca si pesca alguna mentira en este pequeño himno a la cinemanía. Amén.

El director méxico norteamericano Robert Rodríguez (1968) es uno de los adalides del cine independiente y el creador de una categoría que la crítica especializada ha llamado el western spaghetti mexicano. El mariachi (1992), su primera película, costó apenas siete mil dólares y prácticamente todos los cargos los asumió él. Esta costumbre totalizadora se puede apreciar en algunos de sus filmes posteriores en los que aparece acreditado como músico, operador de cámara y editor. Su ópera prima la filmó en apenas una semana, usando una handycam y como actores a miembros de su familia y amigos. Transfirió la cinta a 35 milímetros, la mandó a varias compañías productoras norteamericanas y su persistencia mereció una de las óperas primas más exitosas del cine alternativo.

Tres años después realiza la secuela a la que tituló Desperado. En esta ocasión se valió del ascendente carisma de Antonio Banderas (Málaga, 1960) y de una cada vez más posicionada Salma Hayek (México, 1966). Un año después estrena Del crepúsculo al amanecer un filme que continúa esa acción de cómic que tanto le fascina a Rodríguez. Esta vez lo hace con el aditamento de vampiros, más la colaboración en el guión de su mentor Quentin Tarantino. Es también la primera película estela de George Clooney. En el año 2003 se estrena Érase una vez en México que constituye el cierre de su trilogía de El mariachi. En esta ocasión exacerba los niveles de violencia, mutilaciones y matanzas, con la presencia de Johnny Depp en el rol estelar.

En su afán de explorar más elementos sensacionalistas, Rodríguez filma The faculty (1998) en la que da vida a seres extraterrestres en un colegio. Usando el género de las teenage movies logra replantear este tipo de filmes usando elementos del subgénero alienígena. Este aire de películas CLASE B hace ronda prácticamente en todos sus guiones.

La carrera de Rodríguez toma un giro excéntrico con la trilogía de Spy Kids. Usando el formato de las películas infantiles mezcla aventuras con ciencia ficción e historias de espionaje. Este giro gusta tanto a nivel comercial que se lanza a filmar Las aventuras del niño tiburón y la chica lava (2005) y se encuentra en proceso de filmación la cuarta entrega de Spy kids.

Los zombies no podían quedarse fuera del menú sangriento de Rodríguez y filma Grindhouse: Planet terror (2007) en la que realiza un sentido homenaje a todo el cine de horror de Roger Corman y George Romero, este último el creador de La noche de los muertos vivientes.

Machete (2010) es el primer filme en la historia del cine en utilizar a un actor mexicano de pocos atributos estéticos. El actor fetiche de Rodríguez, Danny Trejo, ya usado en algunos de sus filmes anteriores como el típico villano mexicano, se trepa al rol estelar de Machete. Al igual que Trejo, Machete ha cumplido una larga pena en prisión. Es una máquina de matar y de amar.

Hay algunos elementos en este filme que se burlan del cine de acción de los años setenta. El personaje femenino heroico que ya se da en algunas de sus películas anteriores (ver Grindhouse) aparece por partida doble con Jessica Alba y Michelle Rodríguez. Sería cansino enumerar el millardo de guiños y referencias que Machete contiene aludiendo a filmes de baja categoría. Hay que reconocerle que lo hace con oficio, ironía y sobre todo con amenidad, ya que estamos ante un filme que no decae en su acción.

El único aporte trascendental de Machete está en la forma satírica con la que se retrata la política de migración de los Estados Unidos. Resulta antológico el personaje de Robert de Niro. El senador McLaughlin es un político depredador en el sentido literal del término. Para conseguir dinero para su campaña de reelección mata personalmente a migrantes en la frontera de Estados Unidos y México. Otro hallazgo actoral de Rodríguez está en el casting de Steven Seagal, héroe de acción que ha envejecido y ha engordado de manera ideal para el rol de Torrez, el capo del narcotráfico, que logra un “convincente” acento mexicano a la hora de decir “puñeta”.

Se extraña el cine de siete mil dólares de Robert Rodríguez quien alguna vez dijo que jamás haría películas con efectos especiales. El cine dependiente del sistema de Hollywoodlandia lo ha absorbido de tal forma que ha perdido esa inocencia de El mariachi. En la lista de elementos del cine clase B, Rodríguez ha agotado casi todos. Después de alienígenas, zombies, mutilaciones y persecuciones, ¿qué más le queda por hacer?

La joven del arete de perla (2003) del director inglés Peter Webber (el mismo de Hannibal rising), basada en la novela homónima de Tracy Chevalier, es una de las películas que mejor demuestra las relaciones entre cine y pintura.

Es un lugar común afirmar que ciertos directores de fotografía conciben un plano, una toma o una escena como verdaderos lienzos rectangulares. Otra idea que ronda en algunos historiadores del arte es el señalar que las panorámicas venecianas, conocidas como vedutti, son el antecedente más importante del cine.

No es un lugar común aferrarse a la etimología del vocablo cinematografía que significa escritura hecha de luz. Si el cine no es más que administrar la cantidad de luz que pasa por el diafragma de una cámara, entonces el filme de Webber al igual que tantos otros logra recrear atmósferas que son propias del lenguaje pictórico, paisajes que parecen verdaderas obras de arte. Esto lo percibimos en las escenas que simulan perfectamente cuadros del holandés Johannes Vermeer (1632-1675) que es el protagonista del filme. Personajes haciendo sus oficios domésticos son captados en su momento más barroco. Juegos de luz y sombra. Fuente luminosa amarillenta que pertenece a candelabros (luz artificial) o chorros de luz que provienen de ventanales (luz natural). El filme se regodea también en tomas exteriores. Recuérdese el momento en el que Griet (Scarlett Johansson) y el carnicero pasean por los afueras de Delft, lugar natal de Johannes Vermeer (Colin Firth). Se aprecia un riachuelo y una arboleda. El espectador culto no dudaría en detener la imagen con su control remoto y apreciar la imagen como si fuera el lienzo de un paisaje. En otra escena el personaje de Griet, la mucama que da origen al retrato de la joven con arete de perla, aparece tal cual la protagonista de Joven con jarra de agua.

Es fundamental el aporte del arte barroco al cine. Tanto así que desde mediados del siglo pasado se habla en la industria cinematográfica de la llamada Rembrandt Lightning (Iluminación Rembrandt). Definida comúnmente como la mixtura de luz y sombra, resulta en la práctica algo más que eso. La técnica del chiaroscuro inventada por Leonardo Da Vinci y perfeccionada por Rembrandt es sumergir objetos y personajes en una penumbra que es más espiritual que tangible, más filosófica que práctica.

La iluminación en los lienzos de Johannes Vermeer tiene otra interpretación de lo barroco. Hay una inclinación más pronunciada hacia la luminosidad pero siempre en un grado tenue.

Lo más importante de esta historia es la forma despiadada con la que se retrata al pintor holandés. Vermeer aparece como un desalmado al que sólo le importa terminar su comisión para Pieter van Ruijven y nada más. En este sentido es reveladora una frase que la suegra del pintor le dice a la joven del arete de perla: «Eres una mosca en su telaraña. Todos lo somos».

Para la ejecución de su encargo cuenta con la mucama que funge de modelo. Al final queda claro que sólo quería aprovecharse de ella en el sentido artístico. Ella da todas las pautas para ser explotada. Apenas llega a la casa del pintor deja claramente evidenciada su inteligencia. Le pregunta a su ama si debe limpiar las  ventanas del estudio de Vermeer. El razonamiento es implacable. Si se las limpia «puede variar la luz». Es entonces cuando el artista decide tomarla como su ayudante. Le enseña a mezclar colores. Le pide que subrepticiamente compre los minerales para formar su privilegiada paleta. Al final, ella obtiene un castigo y una recompensa. Es expulsada del hogar en el que trabaja y recibe al final un regalo inesperado.

Es importante la forma de contemplar el arte que tiene el ser humano en el siglo XVII. En ausencia de la fotografía que aún no se inventa el único medio para captar la humanidad de alguien es la pintura. Se retrata a alguien para poseerlo, para captarlo en un momento del tiempo. De eso se trata el barroco: captura a un ser humano en un instante preciso. Esa intención fotográfica está latente en el retrato que da origen al filme.

La joven con el arete de perla es un retrato en el que destacan varios elementos. Su posición delata algo de asombro. Es como si hubiera girado la cabeza inmediatamente después de haber sido llamada. El pintor ha captado justo ese momento en que se vira y un rayo de luz cae sobre la perla. El turbante que es un símbolo de lo exótico, de las fronteras abiertas tan anheladas por los europeos del siglo XVII. Las joyas, símbolos de estatus, son dispositivos importantes en la cultura cortesana de la época. Es por esta razón que estamos ante un evidente pero no por ello menos esclarecedor símil: las mujeres son tan bellas como las joyas que han escogido como adornos. La sensualidad también es un rasgo predominante. Aparte de la boca entreabierta está el pequeño escote que se forma al quedar algo descubierto el cuello. Un escándalo para la época. Es por esta última razón que la esposa de Vermeer estalla en celos al ver el lienzo gritando: «Es obsceno».

La película de Webber se inscribe dentro del sinnúmero de títulos que se han filmado sobre pintores. Su mejor propuesta no está únicamente en lo visual sino que se extiende a las atmósferas sonoras. Si los cuadros de Vermeer se caracterizan por captar la silenciosa vida doméstica o silentes personajes en espacios cerrados, este filme logra recuperar todo eso.

Otro elemento está en la misma historia. La identidad de las modelos de Vermeer no está bien documentada. Quién fue la joven que da origen al cuadro. No se sabe. Algunos historiadores del arte aseguran que se trata de un estudio idealizado de la mujer. El gran acierto del guión (también de la novela de Tracy Chevalier) es ese personaje consistente que lleva el nombre de Griet, la hija de un comerciante de tejas y azulejos que entra a trabajar como sirvienta a la casona de los Vermeer.

Antes de concluir, es importante señalar que Johannes Vermeer es un autor puesto en la órbita de la historia recientemente. Pintó apenas una treintena de cuadros en vida. Murió a los cuarenta y tres años dejando deudas y un nombre que se fue difuminando. Combinó su oficio de pintor con el de marchante para poder mantener a la decena de hijos que tuvo con Catherine Bolnes. A diferencia de Rembrandt, Vermeer nunca salió de su pequeña ciudad, y fue prácticamente un desconocido hasta que a fines del siglo XIX fue redescubierto por un crítico francés. En la segunda década del siglo XX Marcel Proust lo convierte en un referente en À la recherche du temps perdu debido a los elogios que su alter ego Swann le obsequia. Tiene que llegar 1995 (trescientos años después de la muerte de Vermeer) para que el artista tenga su primera muestra retrospectiva (fue simultánea: tuvo lugar en Washington y en La Haya).

En nuestros días se lo considera a Johannes Vermeer como un protofeminista por el respeto y devoción con que pintó personajes femeninos.

Este fervor por el sexo opuesto queda claro en La joven del arete de perla que también es un homenaje al silencio y a la historia del barroco holandés. Una película no para verla, sino para contemplarla.

Uno de los grandes logros de Pixar es haber logrado un realismo tridimensional que rebasa todo lo hecho anteriormente en el cine de animación. Hay un antes y un después de Pixar. La aventura empezó con George Lucas, ese incurable geek (maniático de lo tecnológico). Él desarrolla Pixar en 1979 (con el nombre de The Graphics Group) como un proyecto más de su gran consorcio. Pixar aparece como una división informática de Lucas Film que habrá de desarrollar un software de animación llamado Renderman, cuyo predecesor se llamaba Motion Doctor. John Lasseter es el encargado de darle alas a ese programa y no es cuestión de un día. Le toma años. Lasseter ve a los cortometrajes como una forma de ir desarrollando ese software y como resultado está The Adventures of André and Wally B. (1984) que aparece con el crédito de The Lucasfilm Computer Graphics Project. Técnicamente no es una obra de Pixar pero el director de la animación es John Lasseter que luego habría de ser uno de los pioneros de Pixar. Aunque apenas dura dos minutos su gran logro es haber realizado el efecto estela o motion blur (ver el aleteo velocísimo de las alas de Wally B.) y más que nada el uso maleable de formas geométricas.

Luxo Jr. (1986) es realmente el primer filme que lleva la marca Pixar Animation Studios y el que contiene los elementos de calidad que habrán de caracterizar a otras narraciones audiovisuales de la compañía. Premisas dramáticas ingeniosas, ritmo narrativo trepidante, personajes sorprendentes. El gran logro de este microrrelato es el uso de Renderman para crear juegos de luz y sombra, texturas, contornos. Historia hecha con mínimos elementos pero con los máximos resultados, fue el primer corto hecho con CGI en la historia del cine en ser nominado en la categoría Best Animated Short Film. La lamparita protagonista, tan alegre y saltarina, habría de servir para la creación del logo definitivo de Pixar.

Georges Lucas, al ver las posibilidades artísticas de su pequeña compañía, la puso a trabajar con Industrial Light and Magic (también de su propiedad) en efectos especiales de filmes como Star Trek II: The Wrath of Khan (1982) de Nicholas Meyer y El joven Sherlock Holmes (1985) de Barry Levinson. Por esta última el equipo de Lucas recibió un Óscar honorario por la secuencia del caballero medieval que emerge de un vitral. Entre la treintena de artesanos digitales estaba el joven John Lasseter.

Estamos en 1986 y es el momento en el que entra en escena Steve Jobs quien recién había dejado recientemente a la Apple (la compañía que fundó con Steve Wozniak y a la que habría de regresar en 1997). El matrimonio entre Jobs y Pixar es una unión no está hecha por conveniencia. Hay amor a la tecnología. Lasseter se va a servir de todos los adelantos hechos por la megaempresa que tiene a la manzanita mordida por Eva como logo.

En sus inicios, Pixar era una compañía de hardware que vendía un producto estrella llamado Pixar Image Computer, un sistema comercializado únicamente en agencias del gobierno y en hospitales y clínicas para lograr ecografías de altísima calidad. Disney Studios se interesó en dicho producto para sus proyectos de animación en dos dimensiones. Gracias a esto, Disney podía desarrollar más aprisa sus largometrajes. Aparte de estos clientes exclusivos, Pixar no tenía más. Era como un pobre sentado encima de una mina de oro.

En este periodo, Pixar se dedica a realizar comerciales animados por computación y continúa su relación con quien luego habría de convertirse en su socio, Walt Disney Feature Animation. En 1991, después de algunas negociaciones, Pixar hizo un contrato de 26 millones de dólares con Disney para realizar tres largometrajes, entre los que se encuentra la historia de los juguetes cuya tercera parte es excusa para este recuento cronológico.  En los siguientes años habría algunas negociaciones para que Disney absorba a Pixar. Esto sólo se da en el 2006, año en que Disney gasta 7,4 billones de dólares comprando Pixar.

El punto de giro se da con Tin Toy (1988) que gana el Óscar al mejor corto animado (algo que Pixar repetiría con For the birds en el año 2000). El premio mayor de este microrrelato es el haber sido seleccionado por The United States National Film Registry de la Biblioteca del Congreso Norteamericano por ser “un filme significativo en lo cultural, lo histórico y lo estético».

Tin toy se destaca en lo técnico por el manejo de la luz y la sombra. La recreación específica de un escenario con todos sus detalles: piso, muebles, objetos. Todo un hito.

El 22 de noviembre de 1995 es una fecha clave en la historia del cine. Se estrena Toy story que está basada en Knick knack, un corto de Pixar de 1989. La premisa en ese corto habría de ser adoptada por Toy story: los juguetes tienen vida propia, un universo autónomo lleno de aventuras y preocupaciones.

No hablaremos de los récords de recaudación en el ámbito mundial, pero sí del Óscar que recibió su director John Lasseter. Special Achievement Award dice la estatuilla con el siguiente veredicto: “For the development and inspired application of techniques that have made possible the first feature-length computer-animated film”. De paso, fue nominada en las categorías de mejor canción, mejor partitura de comedia o musical y mejor guión original. De esta forma Pixar rompe el mercado de filmes de animación, obligando a la Academia, en el 2003, a la creación de la categoría de Mejor filme animado. La primera ganadora es, obviamente, una película de Pixar, Buscando a Nemo.

Parece un cuento de hadas sencillo y rápido pero el camino para llegar a Toy story fue largo. Disney se dio cuenta de que la animación bidimensional que ellos inventaron ya era obsoleta. Había que adecuarse a los nuevos tiempos. Disney hace un trato con Pixar y con toda su gran experiencia y conocimientos supervisa la elaboración de Toy story. Disney no controla a Lasseter. Éste tiene toda la libertad creativa, pero fracasa al enseñar el primer borrador. No es cosa fácil. Disney tiene toda una tradición a cuestas con centenares de cortos y largometrajes. Han hecho clásicos basados en cuentos de hadas y han creado personajes entrañables como Mickey, Donald, Pluto y tantos otros. Las críticas son aceptadas humildemente por Lasseter. Éste asume el desafío de entregar en pocas semanas el borrador definitivo.

Hecho este recuento histórico tan corto y algo difuso, pero necesario vamos a los aportes de Toy Story y de Pixar, obviamente, a lo que es la historia del cine de animación:

1)      Es el primer filme animado hecho completamente en computadora.

2)     El cine de Pixar deja atrás el dibujo animado hecho a lápiz, témpera, papel y acetato. El cine de animación en 2D de Disney es enterrado gracias a esta compañía innovadora.

3)     Minuciosa puesta en escena. Recreación, detalle por detalle, de cada escenario, cada rostro, vestimenta y accesorio.

4)     Meticulosa construcción de la profundidad de campo.

5)     El uso del motion blur. Este factor tiene que ver con los objetos que se mueven durante la exposición de los fotogramas del filme. Mientras más rápida sea la exposición, menor será el nublamiento (blur) de los objetos.  Esto se da gracias al software Renderman.

6)     La cámara se mueve como si se tratara de un filme de acción en vivo (con seres de hueso y carne). Esto también se debe a la excelencia del software Renderman.

7)     La composición audiovisual (léase planos) también es cuidada como si se tratara de un filme común y silvestre.

8)     Se usan voces de actores célebres (Tom Hanks) para dar vida a los protagonistas. Parámetro que luego habría de retomar Dreamworks (Shrek). Algo muy importante: en el pasado no es que nunca se usó a voces de famosos para personajes de animación. Lo que hizo Pixar fue sistematizar y generalizar este procedimiento y el primero al que contrataron fue Hanks.
Si queremos resumir la mayoría de los ocho aportes en pocas palabras, diríamos que un filme de Pixar está hecho como si se tratara de un filme real. El nuevo Olimpo de personajes infantiles lo conforman Woody y Buzz Lightyear que son los equivalentes a los caracteres clásicos de Disney.

La premisa de Toy story es un poco más que ingeniosa: los juguetes hablan, tienen vida propia y están preocupados en satisfacer las necesidades de su dueño. En Toy Story 3 la premisa cambia: los juguetes se han vuelto obsoletos en vista de que su dueño, Andy, tiene diecisiete años y está a punto de ir a la universidad.

Aciertos de Toy Story 3:

1)      La secuencia inicial que es un western muy bien elaborado con los juguetes como protagonistas.

2)     La subtrama de Ken y Barbie. Para quienes vean la versión subtitulada hay que recordar que Michael Keaton presta su voz al galán de plástico.

3)     La subtrama del oso Lotso que funge como un líder amigable y luego se descubre que es todo lo contrario.

4)     La escena en la que Buzz Lightyear baila flamenco después de haber sido desprogramado y vuelto a programar.

5)     La secuencia del basurero municipal. Estamos ante un dechado de virtudes digitales en una ambiciosa composición en la que se recrean miles de elementos desechados. En un basurero no pueden haber cinco o cien cosas. Hay, sin exagerar, un millardo. Pixar escogió un desafío que pudo haber desembocado en fracaso pero sale airoso.

Como único desacierto se puede mencionar la excesiva repetición del discurso de conmiseración por parte de los juguetes. Es usual escucharlos hablar de lo obsoletos que están, que nadie los quiere, etc. etc.Ç

Terminamos esta nota con un reconocimiento internacional. En septiembre de 2009, Lasseter fue homenajeado en el Festival de Cine de Venecia, uno de los más importantes del mundo. Es un festival exclusivo que gusta de premiar a directores asiáticos y europeos pero que esta vez decidió reconocer el conjunto de aportes de este genio creativo que hizo posible que Pixar despegara. En la actualidad funge como asesor de cada proyecto de Disney. Ningún papel se mueve en Disneylandia o Pixarlandia si no es con el visto bueno de John Lasseter.

HIPOTEXTOS:

El documental La historia de Pixar (2007) de Leslie Iwerks

To Infinity and Beyond!: The Story of Pixar Animation Studios de Karen Paik (Chronicle books, 2007)

Pixar Short Films Collection (Volume 1 )

Unknown

Este artículo parte de una premisa básica: Avatar, independientemente de su calidad o falta de calidad estética, forma parte de una revolución en la industria del cine (aunque no es una revolución en sí misma). Para argumentar esta aseveración nos dejaremos llevar por Thomas S. Kuhn y su libro La estructura de las revoluciones científicas.

Dice Kuhn que las crisis son necesarias para la instauración de nuevas teorías. Nosotros añadimos y por qué no para la fundación de nuevas tecnologías. En el mundo postcapitalista del año 2154 los terrícolas han invadido Pandora. El planeta Tierra está en crisis. No hay petróleo. No hay agua y se nos sugiere que los humanos están en pos de nuevos horizontes galácticos. Léase en pos de nuevas conquistas o invasiones. El planeta que han invadido contiene una reserva no explotada de un mineral que permitirá construir bombas más poderosas que las atómicas. Esta reserva está justo en la zona más paradisíaca de Pandora, donde se encuentra el luminoso árbol de las almas. Pandora se convierte en el paraíso que debe ser conquistado para reemplazar al perdido.

Pandora es la diosa de la reinvención y de la destrucción, según la mitología griega. Todo lo creado por el hombre es imperfecto y por eso corre el riesgo de ser destruido, nos dice James Cameron en su filme Avatar (2009) donde un planeta lleva el nombre de la diosa.

Para los lectores de Hesíodo, Pandora fue la primera mujer creada por Zeus, enviada a la tierra como un castigo por la transgresión de Prometeo. Llegó para alertar a los humanos sobre los riesgos de la curiosidad, del dominio técnico y de la manipulación de la naturaleza con fines utilitaristas. Desde entonces, el nombre de Pandora ha sido asociado con un matiz trágico.

James Cameron, director de Avatar, destruye el significado mítico de Pandora y bautiza con ese nombre al planeta al que los terrícolas van en plena decadencia del postcapitalismo. La Pandora de Cameron es más bien un planeta inspirado en Gaia o Gea, otra diosa griega del estímulo creativo. La Pandora del director de Avatar es un planeta new age, en perfecta armonía entre hombre y naturaleza, que no por casualidad se llama Gaia en la lengua Na’ avi que es la que hablan los Na´vi, raza de alienígenas salidos de la mente light del director.

No sabemos si Cameron ha leído al científico ambientalista James Lovelock y su hipótesis de Gaia: «una entidad compleja que implica a la biosfera, atmósfera, océanos y tierra; constituyendo en su totalidad un sistema cibernético o retroalimentado que busca un entorno físico y químico óptimo para la vida en el planeta».

Avatar pondera esa entidad compleja, de la que hablaba Lovelock, en la que sus organismos forman un todo como lo sugiere la filosofía panteísta, una biosfera en la que todo está conectado. Lejos de las redes sociales de Internet, en las que el ruido y la banalidad es un denominador común, Pandora cuenta, es, una red planetaria con la que todos los organismos pueden comunicarse a través de los árboles; así navegan incluso entre sus antepasados, en una exaltación de la memoria en crisis. Crisis de la que nuestra sociedad posmoderna está enferma.

Leamos un diálogo vital para entender cómo funciona ese ecosistema autoregulado que es Pandora.

Dr. Grace Augustine: What we think we know – is that there’s some kind of electrochemical communication between the roots of the trees. Like the synapses between neurons. Each tree has ten to the fourth connections to the trees around it, and there are ten to the twelfth trees on Pandora…

Selfridge: That’s a lot, I’m guessing.

Dr. Grace Augustine: That’s more connections than the human brain. You get it? It’s a network – a global network. And the Na’vi can access it – they can upload and download data – memories – at sites like the one you just destroyed.

Selfridge: [after a stunned pause] What the HELL have you people been smoking out there?

[beginning to laugh]

Selfridge: They’re just. Goddamn. Trees.

Dr. Grace Augustine: You need to wake up, Parker. The wealth of this world isn’t in the ground – it’s all around us. The Na’vi know that, and they’re fighting to defend it. If you want to share this world with them, you need to understand them. [1]

Si en la Pandora griega, castigo de los dioses, aparecen todos y cada uno de los conflictos de lo que hacemos; en la de Cameron llama la atención la ausencia de ideologías. No es nihilismo, es vacuidad. Pandora es una utopía cibernáutica en la que el conocimiento es un bien común compartido. Pero como la de los cibernautas, es una utopía donde no hay ideas.  En el subtexto está presente el mito del buen salvaje de Jean Jacques Rousseau. El hombre primitivo vive al natural (los Na´vi). Está marcado por la inocencia y por su contacto íntimo con la naturaleza.

CAMERON COMO SUPUESTO CREADOR DE UN PARADIGMA

Originalmente, Avatar se remonta a 1995, año en que James Francis Cameron (Ontario, 1954) escribió el guión y empezó a desarrollar el proyecto hasta el punto en que se dio cuenta de que, sencillamente, no podía llevarlo a la pantalla, ya que las herramientas cinematográficas aún no estaban listas.  Sus filmes siempre se caracterizaron por la espectacularidad visual pero los guiones nunca fueron su punto fuerte. Su primer gran éxito fue Terminator (1984). Le siguieron Aliens, el regreso (1986), El abismo (1989), Terminator 2, el juicio final (1991), la comedia Mentiras verdaderas (1994) y Titanic (1997).

Cameron es el supuesto creador de un paradigma: cada uno de sus filmes se vale de los últimos adelantos tecnológicos. No hay tal condición paradigmática. En Avatar, por ejemplo, hay algo que no es invento de él: la tecnología motion capture (captura de movimiento) conocida también como mo cap, que permite que los movimientos de un actor y sus expresiones sean aprehendidos electrónicamente y trasladados a imágenes creadas por computadora, para así darle vida a un personaje.

El verdadero hallazgo técnico de Cameron es haber desarrollado un sistema que combina la cámara 3D, el mo cap y los efectos de CGI (computer graphic images). Este sistema que ya lo usó Cameron para su documental de 2003, Ghosts of the Abyss (documental en el que se una con miembros de la NASA para explorar grutas submarinas), y luego refinó y afinó el sistema para utilizarlo en Avatar. «Lo que se ve”, asegura Cameron en una entrevista que le hace el diario La Nación, “es parte de la evolución natural del CGI (imágenes creadas por computadora) y la tecnología de captura de interpretación y todo eso. Hay una revolución en el 3D, y Avatar formará parte de este progreso. No hubo, hasta ahora, una película emblemática de acción en vivo hecha en 3D. Quizás Avatar pueda servir para probar su factibilidad.» Cameron olvida intencionalmente las películas The Polar express, Beowulf y A Christmas Carol de Robert Zemeckis. Todas ellas emblemáticas en lo que se refiere a la acción en vivo. Sin embargo, en esos filmes se notaba claramente que estábamos ante muñecos. Con Avatar el fotorrealismo es notorio y los avances dignos de ser admirados pero no son la panacea.

Otras perlas del director de Avatar: “Quería crear algo que me hubiese encantado ver de joven. Algo que fuese muy visual, completamente imaginativo y original. Llevar al espectador allí donde nunca estuvo antes. Si vas a sacar a la gente de su casa para llevarla al cine, mejor será mostrarles algo que nunca hayan visto. Mi meta con Avatar es recrear lo que sintió mi generación cuando vio 2001: Una odisea del espacio por primera vez. O, diez años más tarde, lo que fue la saga de Stars Wars para toda otra generación”.  Está en lo cierto Cameron cuando apunta que su narrativa es muy visual y muy imaginativa, pero de allí a que haya originalidad hay un gran trecho. El común denominador de los espectadores se fascina con Avatar pero no en la medida de clásicos como el filme de Kubrick o la saga de George Lucas.

Las técnicas que usa Cameron, insistimos, no son novedosas puesto que constituyen una combinación de diversas tecnologías que ya se venían utilizando por separado: un equilibrio entre cámaras filmadoras 3D, sensores y animación generada por computadora, con una pizca de previsualización en tiempo real de las escenas.

La clave se encuentra en el desarrollo por parte de Sony para poner a disposición de Cameron unas cámaras livianas, con lentes de alta definición, que registran imágenes en 3D en un formato apto para ser visto por el público sin problema alguno.

En esta modalidad, el director dispone de los actores que utilizan un traje con sensores, que son captados por 140 cámaras en un enorme galpón. Mediante una pantalla portátil, el director puede ver el progreso de las escenas en tiempo real y en el escenario recreado en cuestión.

Los sensores no sólo se utilizaron para alcanzar la mayor expresión corporal posible de los actores, sino que también se emplearon pequeñas cámaras que captaron cada gesto o movimiento facial. «Asimismo, esta combinación permitió contar con una mayor flexibilidad en cuestiones de maquillajes o implantes, que se pulieron en la etapa de digitalización, sin perder el realismo de los gestos».

Luego de todo este proceso, Cameron puede regresar al galpón sin necesidad de contar con los actores, y volver a recrear las escenas gracias a una cámara virtual , desde donde puede recorrer diversas escenas o ajustar algunas coreografías realizadas.

No sólo es un adelanto técnico impensado hace apenas unos años desde el lado de producción y dirección de un filme. También lo es desde el punto de vista del espectador. El manejo de cámara en una escena en donde el Na´vi «administrado» Jake Scully se escapa de una criatura de Pandora entre la vegetación de la selva y se esconde dentro de un enorme árbol y sus raíces es un claro ejemplo de las posibilidades que brinda esta nueva forma de producción «virtual». Brinda una flexibilidad que permite captar esta y otras escenas que serían casi imposibles para un director, correr detrás de una criatura virtual y capturar un plano cerrado con las expresiones del actor en una persecución.

EL PERSONAJE DE LA CIENTÍFICA

Para efectos de este artículo es importante reseñar brevemente la trama de este filme. Estamos en el año 2154. La historia de Jake Sully, infante de marina paralítico, que se ofrece como voluntario para infiltrarse en el Planeta Pandora nos recuerda a la teoría del buen salvaje (teoría del siglo XVII). El marine se mezcla con la raza Na´vi, gente autóctona del planeta Pandora, ubicado en Alpha Centauri. Esta tribu es provocada por una compañía militarizada del planeta Tierra que busca explotar el planeta para lograr enormes ganancias. Esta compañía ha desarrollado un programa llamado Avatar a través del cual los humanos son manipulados genéticamente para convertirse en los híbridos Na´vi. Parte clave de la misión es la Dra. Grace Augustine a la que también se le asigna un Avatar que le permitirá mezclarse con los Na´vi. Pandora, más que una caja que guarda todos los males se parece al Paraíso del Génesis. Es un hábitat lleno de biodiversidad, con bosques fluorescentes, con árboles tan altos como rascacielos y criaturas inimaginables, incluyendo feroces depredadores prehistóricos.

La tecnología del invasor corrompe las raíces de la pureza. Es el noble salvaje que se ve corrompido por la bárbara civilización que irrumpe con violencia. Fiel a la narrativa del mito del buen salvaje éste se une a las fuerzas alienígenas y se vuelve contra los invasores. Todo dentro de una parábola ecologista new age en la que las criaturas tienen tallas de súper modelos. Una mezcla de Pocahontas  con Danza con lobos como se la comparado de manera estúpida. Estúpida porque la situación narrativa del buen salvaje está presente desde la literatura griega clásica hasta nuestros días. Hay cierta mirada antropológica en la intención de infiltrarse en la comunidad de los Na´vi. Lo dice Selfridge (Giovanni Ribisi) uno de los capataces tecnocráticos en una escena memorable.

Selfridge: Look you’re supposed to be winning the hearts and minds of the natives. Isn’t that the whole point of your little puppet show? If you walk like them, you talk like them they’ll trust you. We build them a school, teach them English. But after – how many years – the relations with the indigenous are only getting worse.

Dr. Grace Augustine: Yeah, well that tends to happen when you use machine guns on them.

Selfridge: Right. Come with me. You see this? This is why we’re here. Because this little gray rock sells for $20 million a kilo. This is what pays for the whole party, and it’s what pays for your science. Those savages are threatening our whole operation..[2]

Quien responde es el personaje de la bióloga, interpretado por Sigourney Weaver, que responde a uno de los postulados de Kuhn. El sociólogo de la ciencia nos plantea la existencia de “la tensión esencial” que es inherente a todo científico, tensión que es mayor en tiempos de crisis.

Dice Kuhn algo que puede ser aplicado al personaje de la doctora Augustine:

Al igual que los artistas, los científicos creadores tienen que ser capaces en ocasiones de vivir en un mundo descoyuntado, exigencia que en otro lugar he descrito como “la tensión esencial” implícita en la investigación científica.

La tensión es notoria en la doctora Augustine puesto que siempre está en confrontación con todo su entorno. Trata a los que se dirigen a ella como si nadie (sólo ella) entendiera la misión en Pandora. La tensión desaparece únicamente cuando ella también maneja su avatar para internarse en la selva de Pandora.

Está claro que Cameron separa a la tecnología de la ciencia. La tecnología, parece decirnos, es una forma de explotar el nuevo mundo, mientras que la ciencia da la posibilidad de una apreciación más pura del ecosistema que se invade. En este sentido es clave el personaje de la científica que es uno de los pocos que logra ver a los nativos como lo que son. Ella actúa siempre orientada por una ética y una sensibilidad tal que muere a manos de los invasores humanos. Ella es el alter ego del director pues a través de ella conocemos la visión algo naif pero panteísta al fin y al cabo de las conexiones espiritual existente entre todos los habitantes de Pandora. El espectador ve con simpatía el personaje de la científica, sobre todo cuando muere en el sitio de mayor riqueza biológica de Pandora. Lo primero que ella hace cuando llega a ese gran árbol de luminosidad es pensar que necesita tomar unas muestras. No hay una línea divisoria en su asombro y su amor por la ciencia.

CAMERON NO ES UN PARADIGMA, ES PARTE DEL PARADIGMA

Las claves visuales del filme están a la vista. El tono predominante es el azul neón. Criaturas de inspiración antediluviana son de un azul chillón. El gran hallazgo del filme es la luminosidad. La luz brilla hasta en la oscuridad. También destacan las ramas de los árboles que son de un verde claro mezclado con púrpura. Para las criaturas Na´vi ha escogido la bioluminiscencia, especialmente por las pecas de luz en las caras.

Weta Digital –el mismo estudio que hizo los escenarios virtuales de El señor de los anillos–  es una de las tantas compañías responsables en esta aventura cinematográfica. Weta creó 1800 efectos visuales, entre ellos el diseño de los personajes. Adicionalmente creó los vehículos y toda la maquinaria de guerra que aparece durante los 162 minutos que dura. Inclusive la iluminación del filme fue trabajada de manera digital. Uno de los tres premios Oscar que ganó Avatar fue el de mejores efectos especiales. En los créditos principales constan tan sólo tres responsables de esa categoría cuando en realidad hay decenas por no decir cientos de involucrados. Los otros dos Oscar también fueron por cuestiones técnicas: mejor cinematografía y mejor dirección de arte.

A continuación algunas de las compañías involucradas, tal y como pueden leerse en los créditos finales: Industrial Light and Magic, USA (que diseñó la batalla final), Stan Winston Studios (que diseñó casi toda la utilería incluidos los helicópteros), Giant Studios, USA (motion capture), Blur, USA (tomas del espacio exterior), Lola VFX, USA (cosmetología digital). Y a continuación algunos de los softwares usados: Pixar Renderman for Maya, Autodesk MotionBuilder (para visualizaciones en 3D en tiempo real), Autodesk Smoke (correction de color), Massive (simulación vegetal), Mudbox (montañas flotantes), Adobe After Effects (composición de personajes)), PF Track (reemplazo de background), Adobe Photoshop (creación de texturas), entre otros.

Como se puede apreciar por el inventario de colaboraciones tecnológicas estamos ante un filme paradigmático que no es lo mismo que un filme que rompe paradigmas. Si para Kuhn un paradigma es una serie de “realizaciones científicas universalmente reconocidas, que durante cierto tiempo, proporcionan modelos y soluciones a una comunidad científica”, entonces el papel de Cameron es distinto. Él es parte de un grupo de cineastas que ha usado el mo cap y la animación 3D. Su gran aporte es haber seguido el paradigma imperante en el modus operandi de sus pares y añadir algo más. Ese valor agregado ya lo hemos explicado.

Hay que señalar que Kuhn replanteó su concepto de paradigma y sugirió reemplazarlo por el de “matriz disciplinar”. Ese nuevo término es ideal porque se refiere a los practicantes de una disciplina particular, en este caso la cinematografía.  Kuhn plantea que hay acuerdos simbólicos y modelos de grupo a la hora de hacer ciencia (¿no se habla de las ciencias cinematográficas? ¿no son los cineastas científicos de lo audiovisual?). Las comunidades científicas manejan creencias que proporcionan soluciones a problemas. En este caso la gran dificultad era cómo lograr un cine de animación que se acercara más al realismo. En conclusión, Avatar no es un logro de Cameron sino de toda una comunidad de realizadores cinematográficos. Sin las películas previas jamás habría existido un salto cualitativo. Hay que tomar en cuenta que todas las compañías y softwares que se nombraron en párrafos anteriores ya participaron en filmes previos al de Cameron y seguirán trabajando en otros proyectos cinematográficos. Estamos ante una matriz disciplinar si seguimos aferrándonos a Kuhn. Se ha logrado un adelanto dentro de una comunidad. Romper un paradigma es derribarlo para crear otro, nos dice el sociólogo de la ciencia. Cameron no ha roto nada. Se ha inscrito en el zeit geist, en el espíritu de la época, en las corrientes tecnológicas imperantes. Lo ha hecho con la pericia de un gran artesano que ha continuado lo que otros colegas han realizado. Ha seguido un camino abierto por sus pares. De esta forma y no de otra será recordado.


[1] Dr. Grace Augustine: Lo que creemos saber es que hay un tipo de comunicación electroquímica entre las raíces de los árboles. Como las sinapsis entre neuronas. Cada árbol tiene diez a la cuarta potencia de conexiones con los árboles alrededor, y hay diez a la décimo segunda potencia de árboles en Pandora.

Selfridge: Eso es un montón, me imagino.

Dr. Grace Augustine: Eso es más conexiones de lsa ue existen en un cerebro humano. Entiendes? Es una red, una red global. Y los Na’vi tienen acceso a ella. Pueden subir y bajar información, recuerdos y sitios que uno acaba de destruir.

Selfridge: [después de una pausa] Por qué diablos están fumando acá afuera?

 [empezando a reír]

Selfridge: Son solo unos malditos árboles.

Dr. Grace Augustine: Necesitas despertar, Parker. La salud de este mundo no yace en la tierra, está alrededor. A todo nuestro alrededor. Los Na’vi saben eso y están peleando por defenderlo. Si quieres compartir este mundo con ellos, necesitas entenderlos.

[2] Selfridge: Mira, se suponen que tú deberías estar ganando los corazones y las mentes de los natives. No es ese el único punto de tu pequeño show de títeres? Si caminas como ellos, si hablas como ellos, van a confiar en ti. Les construiremos una casa, les enseñaremos ingles. Pero después de cuántos años las relaciones con los indígenas van a empeorar.

Dr. Grace Augustine: Sí, eso tiende a pasar cuando usas armas de fuego contra ellos.

Selfridge: Correcto. Ven conmigo.  Sï ves esto? Esta es la razón por la que estás aquí. Porque este pequeña roca gris se vende a 2o millones de dólares por kilo. Esto es lo que paga toda nuestra fiesta y es lo que va a financiar tu ciencia. Los salvajes están amenazando con hacer fracasar toda nuestra operación.