«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

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Carta abierta a los fanáticos de El Hombre Araña. The amazing Spiderman? Not so amazing! (con canción de Bad Bunny incluida)

Querido fanático de Spiderman:

Vi Spider-Man: Brand New Day (basada en el cómic del mismo nombre, sin el artículo «un» en el título) la misma semana que tú, y coincido en varios puntos: la coreografía de las escenas de acción funciona, los efectos digitales cumplen a destajo, la cinematografía de Nueva York tiene peso propio, y la partitura de Michael Giacchino vuelve a sostener la película en los momentos que el guion no logra sostenerse por sí solo. Disfruté como tú el gran guiño musical de la película que es la colaboración de Bad Bunny en el soundtrack: ver a Spider-Man volar entre los rascacielos de Nueva Yol (sic) al son de “EoO” amplifica la experiencia y le da al soundtrack un peso que va más allá de la partitura orquestal de Giacchino. Michael Mando, el Nacho Varga de Better Call Saul, interpreta a Escorpión, y Punisher está en manos de Jon Bernthal (el Menelao de Nolan y el hermano del protagonista de The Bear) que cumple su rol disruptivo tal y como se lo pide el guion; Tom Holland, con 30 años de edad cumplidos, sigue siendo un Spider-Man convincente en lo físico y lo emocional. Me llama la atención que los protagonistas de las películas del héroe arácnido sean siempre jóvenes en detrimento del nombre del personaje: no son Spider-Men, son Spider-Boys frágiles, bonachones, introvertidos y poco sociables (recordemos los rostros de Tobey Maguire y Andrew Garfield en el mismo rol).

La aparición de la Mole como incidente secundario está bien calculada, sin robarle protagonismo a la trama central. El personaje de Sadie Sink, la poco talentosa pelirroja de Stranger Things no aporta lo que debería; su arco se siente forzado dentro de una trama ya sobrecargada. La aparición de Jean Grey junto a su hermana es uno de esos giros que la película no se toma el trabajo de justificar: funciona como guiño para quien sigue el material de origen, pero como recurso narrativo es perezoso. Y la escena post-créditos, lejos de dejar expectativa, cierra la película con una nota menor: corta, previsible, sin el gancho que estas escenas suelen tener en la franquicia (no haremos el destripe revelando detalles). Está también la breve aparición de Yelena, la hermana de la Viuda Negra, interpretada por Florence Pugh. Más fugaces aún son Tarántula y Boomerang, villanos necesarios para un héroe arácnido en crisis. No me creí mucho aquello de la pérdida de los súper poderes. Desconfié de las escenas en las que el protagonista aparece solo en su habitación rodeado de pantallas de computadoras jugando a ser el Neo de The Matrix cuando en el cómic prescinde de la tecnología. Tampoco estuve de acuerdo con los flashbacks de la tía May (interpretada por Marisa Tomei). No le veo necesidad a esa trillada escena que he visto en tantos filmes: el héroe hincando la rodilla sobre la tumba del familiar fallecido y depositando flores, recordando consejos recibidos y frases de comfort.

Conozco el cómic original, el número 546 y siguientes, publicados en 2008 con el mismo título del filme, Brand New Day, pero me pierdo en la telaraña de publicaciones. Como escritor me interesa mucho el temas de las adaptaciones y conozco la referencia de las tres colecciones de El Hombre Araña. Reviso mi enciclopedia de Marvel y veo que hay una colección titulada «Marvel Team-Up», otra llamada «Peter Parker, the Marvel collection», y una más, rotulada como «The Spectacular Spider-Man». Esas tres colecciones dejaron de existir para dar paso a una nueva colección que se llama simplemente «Amazing». A este nuevo comienzo Marvel Cómics le llama «Un nuevo día». Es un empezar desde cero del personaje que renuncia a la tecnología y busca un nuevo trabajo, se enfrenta un nuevo villano (Mr. Negative), le da cacería a un imitador de Spider-Man que anda atracando a la gente. Todo lo anterior para afirmar que a veces olvidamos que todos estos héroes y villanos tienen su origen en revistas especificas. Los guionistas lo que hacen es tomar lo que desean (oh, las libertades de la adaptación) y se amoldan a las necesidades de la franquicia. Lo importante es entender que las versiones cinematográficas de Marvel son apenas una adaptación mínima de la riqueza de los cómics.

Regresando al filme, coincido contigo en la reserva de fondo: Brand New Day no tiene la misma energía que las anteriores. Lo noté en la sala: el público joven no reaccionaba con la efusividad de antes, aunque los números pueden desmentirme porque el filme ya sobrepasó el récord de Avengers: End Game (2019) como el más taquillero del cine norteamericano en su primer fin de semana de proyección. Los actores de esta franquicia están entrando en la treintena, la misma década en que ha ingresado buena parte de su público original. Una saga que empezó dirigida a adolescentes ahora convive con espectadores adultos, y esa fricción generacional se siente en el tono de la película. Cumplidos los 30 años, Tom Holland ya puede decirle adiós al personaje en esta, su cuarta película como el héroe arácnido (contra las tres de Maguire y las dos de Andrew Garfield).

Vale la pena situar este título dentro del mapa completo del universo Marvel que tú conoces tan bien. Yo preferiría sintetizarte las novelas de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust o el árbol genealógico de Cien años de soledad, pero aquí van resumidas las fases de la llamada Saga del Infinito: la reunión de los personajes fundacionales (6 películas del 2008 al 2012), su expansión (6 títulos del 2013 al 2015) y la culminación que cerró con Endgame (11 filmes del 2016 al 2019). Desde 2021 estamos en la Saga del Multiverso: la Fase 4 (7 filmes del 2021 al 2022) introdujo las variantes y realidades alternativas, la Fase 5 (con 6 títulos del 2023 al 2025) amplió las amenazas sin encontrar todavía un centro narrativo claro, y ahora la Fase 6 (4 títulos del 2025 al 2027)— con The Fantastic Four: First Steps, Brand New Day, Avengers: Doomsday (que se estrenará en diciembre de 2026)— se plantea como el tramo que debe resolver el destino multiversal antes de Secret Wars que se estrenará en diciembre de 2027. 

Me llama la atención que dentro del canon no esté Into the Spider-verse (2018), con el héroe arácnido latino, Milo Morales, en la que ya vemos a los distintos Spider-Men procedentes de universos alternativos, detalle aplicado en Spider-Man: No way home (2021). Into the Spider-Verse, que ganó el Óscar al mejor filme animado, es la fuente de muchas ideas presentes en la fase 6. Ya me dirás tú, que todo obedece a razones legales, ya que Sony Pictures posee los derechos cinematográficos exclusivos de Spider-Man, mientras que Marvel Studios (propiedad de Disney) posee la propiedad intelectual de los cómics, el merchandising y el control del MCU (Marvel Cinematic Universe). Sony se queda con la mayoría de la recaudación en taquilla, pero permite que Marvel Studios (liderado por Kevin Feige, el supuesto genio tras bastidores) actúe como el productor creativo principal para que la historia encaje en el MCU.Toda una telaraña de intereses, como te habrás dado cuenta.

Brand New Day (propongo cambiar «new» por «old» y «day» por «Dawn» que significa ocaso) llega en un momento en que la industria del entretenimiento discute abiertamente el papel de la inteligencia artificial generativa en la producción audiovisual, y la película no es ajena a ese clima: su factura visual, más calculada que inspirada, más computarizada que otra cosa, más su dependencia de fórmulas ya agotadas del multiverso, la sitúan como un producto a tono con esta era tan eficiente en la ejecución técnica, pero con menos riesgo autoral que las entregas que definieron las fases anteriores. A la pasada te cuento que esto del Multiverso proviene de la teoría de los mundos posibles que tiene cédula de identidad literaria. No te voy a aburrir explicándote el origen de esta categoría de la teoría de la literatura, pero te puedo mencionar la existencia de un pensador checo, Lubomir Doležel (1922-2017), que acuñó, en 1998, el término heterocósmica (la teoría de los mundos posibles) para hablar del poder de la literatura como creadora de universos ficcionales independientes con leyes internas y únicas. Todo esta para decirte que lo que está haciendo Marvel no es nada nuevo.

Como crítico he cumplido con ver la obligación de ver las 38 de las 40 películas del MCU (faltan por estrenarse dos), pero confieso que el tiempo no alcanza para las versiones animadas, como Ultimate Spider-Man (2012-2016) y Your Friendly Neighborhood Spider-Man (2025), que circulan en las plataformas de streaming, incluyendo esa rareza del Live Action que es Spider-Noir (2026) con Nicolas Cage. Algo similar me pasa con la franquicia de Star Wars: es imposible verlo todo, al menos para un cinéfilo de mi generación.

Con todo, el Spider-Verse sigue ensanchándose, y esa expansión — más que el entusiasmo del público — parece ser hoy el verdadero motor de la saga. Mientras la telaraña siga creciendo, nos seguiremos perdiendo. Te veo en el cine.

Un abrazo,

Marcelo Báez Meza

SUPERMAN (2025), UN FILME TIMORATO QUE NO AMPLÍA EL MITO

Desde su debut en Action Comics nº 1 (1938), Superman ha soportado (pobrecito) innumerables reinvenciones en el cine, cada una de ellas reflejo de la época que lo vio nacer. El hombre volador ha sido objeto de innumerables reinterpretaciones en los cómics, la radio, la televisión y el cine. Cada adaptación refleja las ansiedades y aspiraciones culturales de su época, desde el cruzado social de la era de la Depresión hasta el semidiós conflictivo posterior al 11 de septiembre. El más reciente filme de James Gunn (Saint Louis, Missouri, 1966), entra en este linaje con una propuesta audaz: ¿Puede una superproducción moderna reconciliar las raíces de la Edad de Oro del personaje con la narrativa contemporánea de superhéroes? La respuesta es una evolución que, aunque imperfecta, honra pero no amplía el mito.

Revisemos un poco la enciclopedia de DC Comics que tenemos a la mano. En la Edad de Oro (1938-1950) Superman era el campeón de los oprimidos. El Superman original de Jerry Siegel y Joe Shuster (por algo acreditados en esta nueva versión) era un impetuoso vengador social que luchaba contra políticos corruptos, señores de los barrios bajos y maltratadores domésticos.  Comparación con la película: El Clark Kent de Gunn trabaja en el Daily Planet con un renovado enfoque en el periodismo de investigación, canalizando el énfasis de los primeros cómics en la verdad y la justicia por encima del puro espectáculo. Cosa curiosa: Kent se autoentrevista, es decir, logra entrevistas exclusivas con Superman y las publica. Lois Lane (Rachel Brosnahan) encarna a la aguda e intrépida reportera de la Edad de Oro en lugar de un pasivo interés amoroso.

En la Edad de Plata (1950-1970), bajo la dirección del editor Mort Weisinger, Superman se convirtió en un símbolo de la ciencia ficción, adoptando y aceptando su herencia alienígena con la historia de la Fortaleza de la Soledad, la construcción del mundo kriptoniano y un código moral más correcto. Comparación cinematográfica: La película de Gunn se apoya en los elementos de ciencia ficción de Superman (por ejemplo, la tecnología kryptoniana, las amenazas alienígenas), pero evita la cursilería de la Edad de Plata poniendo sobre la mesa el concepto de los meta-humanos. La Fortaleza se reimagina como una fusión de la estética cristalina (cortesía de Donner)y el futurismo alienígena moderno.

En la Edad Moderna (1986-actualidad) en la llamada Post-Crisis de las Tierras Infinitas (te guiño el ojo, joven consumidor de cómics), el reboot de John Byrne (doble guiño), convirtió a Clark Kent en la identidad «real», mientras que historias de sagas como Kingdom Come y All-Star Superman exploraron su peso mítico.  El Superman de Gunn está más cerca del idealista benévolo del cómic (agrupado bajo el rótulo de All-Star Superman) que del forastero del Hombre de Acero de Zack Snyder; sin embargo, el Lex Luthor de la película (Nicholas Hoult) toma prestado el retrato que vemos de él en Birthright (12 números especiales que narran la historia del personaje antes de convertirse en Superman): un genio narcisista resentido por la superioridad moral de Superman.

Revisemos la humanidad con la que aporta Gunn al personaje. Tradicionalmente, la carrera periodística de Clark está poco desarrollada en las películas (a diferencia de cómics como Superman: Identidad Secreta). Innovación cinematográfica: El Clark de Gunn es un reportero activo, no sólo un disfraz chapucero. Su búsqueda de la verdad refleja el periodismo de investigación del mundo real, haciéndole sentir como un héroe tanto dentro como fuera de la capa.

La visión que Gunn nos entrega de Metrópolis también es distinta. Nos introduce a héroes como Hawkgirl (Isabela Merced) y el Linterna Verde Guy Gardner (un Nathan Fillion que se parece al Pedro Pascal de Wonder Woman), evocando la dinámica de comedia laboral de la época de la Liga de la Justicia Internacional (Gang Justice, en este filme).  Innovación cinematográfica: Al tratar a Metrópolis como un ecosistema vivo (detalle copiado de la Gotham de The Batman), Gunn establece un mundo en el que Superman no es el único héroe. Esto crea una nueva perspectiva para las películas de la franquicia.


El Luthor clásico es un científico loco (ver los cómics de la Post-Crisis) o un magnate similar a Donald Trump (ver la docena de números especiales de Birthright). El Luthor de Hoult es un híbrido, un disruptor al estilo de Silicon Valley que utiliza la desinformación como arma, reflejando los temores sociales a la oligarquía tecnológica (Musk) y la manipulación de los medios (Trump).

Muchas adaptaciones modernas (Superman: Red Son; Injustice) deconstruyen el idealismo de Superman. Innovación cinematográfica: La película de Gunn evita el cinismo y pondera lo naíf, demostrando que Superman puede ser inspirador e inseguro (ver la segunda escena post-créditos) sin socavar su heroísmo (una cuerda floja tonal que pocas versiones de acción en vivo han logrado).

El veredicto: ¿Amplía el Superman de Gunn el mito? Sí, pero con cautela. No se trata de una reinvención radical como «El Hombre de Acero», ni de un retroceso nostálgico como «Superman Returns». En su lugar, Gunn sintetiza décadas de historia del cómic en una visión cohesiva. La conciencia social de la Edad de Oro.  La maravilla de la ciencia ficción de la Edad de Plata.  La profundidad de los personajes de la Edad Moderna.

La mayor contribución de la película es su reafirmación de Superman como símbolo de esperanza en un mundo fracturado, sin ignorar las complejidades actuales, demostrando que el heroísmo old-fashioned aún puede significar algo.

Una vez hechas las comparaciones con el cómic, cerramos la enciclopedia de Diario El Universo y nos vamos a una comparativa cinematográfica. La más reciente entrega del héroe encapotado, es (ya lo tenemos claro) el último intento de modernizar al Hombre de Acero, pero ¿cómo se compara con las películas anteriores?

Examinemos la evolución de Superman en la pantalla –desde el serio idealismo de la era Donner hasta la melancólica intensidad de la versión de Snyder– y veamos dónde encaja (o no) la visión de Gunn.

Vamos con el idealista clásico, Richard Donner’s Superman (1978) y Superman II (1980). El Superman de Christopher Reeve sigue siendo la referencia: un héroe aspiracional (no estoy seguro que exista esta palabra en español) cuya bondad se percibe sin esfuerzo. Las películas de Donner equilibraban el espectáculo con la sinceridad del diseño de personaje, tratando a Superman como un mito moderno. El humor era bienvenido (los torpes secuaces de Lex Luthor), el romance atemporal (la cita voladora de Lois y Clark) y lo que estaba en juego era personal (Superman sacrificando sus poderes por amor en la secuela también firmada por Donner). Gunn se inspira claramente en el bookshow de Donner, particularmente en el retrato bonachón de Corenswet y el énfasis en la humanidad de Clark; sin embargo, mientras que las películas de Donner tenían una simplicidad de cuento de hadas, las de Gunn son más conscientes de sí mismas (self-conscious, dicen los gringos), añadiendo chistes metatextuales (ver a la prima Super Girl con resaca, en el tercer acto) y un ritmo más rápido en la narración que a veces socava la seriedad.

Vamos ahora con Superman III (1983) y Superman IV: En busca de la paz (1987). A medida que la franquicia avanzaba, se convirtió en una comedia absurda (la lucha del malvado Superman contra Clark en la tercera entrega) y en un sermón absurdo (el argumento del «desarme nuclear» en la cuarta). Estas películas perdieron de vista lo que hacía especial a Superman, convirtiéndolo en un chiste o un anuncio de servicio público. La película de Gunn evita en lo posible lo camp (categoría de Sontag que abarca lo extravagante, lo artificial, lo de mal gusto), pero parte del humor propuesto corre el riesgo de caer en la irreverencia al estilo de Los Guardianes, que no siempre encaja con Superman; por suerte, nunca llega a los niveles vergonzosos de Quest for Peace.

El ambicioso reinicio de Bryan Singer’s Superman Returns (2006) era un e-mail de amor a la versión de Donner, con Brandon Routh (quien nunca más apareció protagonizando un filme) canalizando los manierismos de Reeve. Pero su reverencia se convirtió en una debilidad: la trama era un refrito de Superman I, y su tono sombrío (Superman como un dios solitario) chocaba con el espíritu esperanzador de los originales. La película de Gunn es lo opuesto a Superman Returns: en lugar de mirar hacia atrás, avanza, adoptando una energía más contemporánea; sin embargo, ambas películas luchan por encontrar el equilibrio entre homenaje e innovación (dudo al escribir esta última frase).

El hombre de acero (2013), de Zack Snyder fue un rechazo deliberado al idealismo de Donner. El Superman de Henry Cavill era un forastero conflictivo, y el clímax de la película -Metrópolis en ruinas- provocó un debate sobre los daños colaterales de los superhéroes en un mundo post-9/11. El Superman de Gunn es una corrección directa del rumbo de Snyder. Mientras que Snyder favorecía el peso filosófico y la melancolía visual, Gunn opta por la ligereza y el color; sin embargo, ambos comparten un defecto: la película de Snyder era demasiado sombría, la de Gunn a veces demasiado simplista como el sector electoral que votó a Trump como presidente.

Una vez hechas las comparaciones con el cómic y con las predecesoras cinematográficas, hablemos de los puntos negativos de la más reciente Superman. La película debió haber sido un renacimiento triunfal del héroe emblematico de DC Comics, pero resulta un espectáculo desordenado y de tono desigual que no sabe si es un estudio de personajes, una comedia graciosa o un festival turbador de CGI; creo que al final fracasa amenamente en las tres cosas.

David Corenswet es un buen actor (ojalá quieran contratarlo en otros filmes), pero su Clark Kent parece más una plastilina anodina que un personaje diseñado de manera redonda. Consigue a medias el encanto de un personaje despreocupado, pero carece de la seriedad necesaria para vender el peso moral de Superman. Su química con la Lois Lane de Rachel Brosnahan es aceptable (a secas), pero su romance se desarrolla con toda la profundidad de una telenovela de Hallmark. Brosnahan, que suele tener una presencia magnética (sugiero verla en The Wonderful Mrs. Maisel), está desaprovechada en un guion que reduce a Lois a ocurrencias expositivas y momentos clásicos de damisela en apuros.

El Lex Luthor de Nicholas Hoult es la mayor decepción de la película: un arrogante tecnólogo de una sola nota (quizá Sol sostenido) cuya villanía carece de amenaza o intriga (algo que sí se desarrolla en las interpretaciones de Gene Hackman, Jesse Ei Real Madridssenberg y Kevin Spacey). En vez del astuto mastermind hay aquí una caricatura genérica de Silicon Valley que monologa sobre la «evolución humana» sin llegar a ser realmente peligroso.

El humor característico de Gunn, tan eficaz en Guardianes de la Galaxia, está totalmente fuera de lugar aquí. Los chistes socavan los momentos dramáticos, convirtiendo lo que deberían ser momentos emotivos en chistes incómodos que parecen escenas eliminadas de Deadpool. Y, lo que es peor, Gunn introduce demasiados personajes secundarios (Hawkgirl, Green Lantern, Mister Terrific) que no aportan nada más que desorden; se lo nota desesperado al gerente del filme por dejar envitrinada una franquicia en lugar de contar una historia cohesiva. Sí, sé que ya dije párrafos atrás que estos personajes adicionales le dan a Metrópolis un aire de «Superman no es el único héroe aquí», pero no le alcanza a Gunn para llegar a recrear ese espíritu colaborativo que sí existe en la franquicia de la competencia.

Las secuencias de acción son técnicamente vistosas (lo menos que se puede esperar de tan cara franquicia) pero emocionalmente vacías. Una caótica batalla en el tercer acto en Metrópolis se convierte en otro borrón de destrucción cortesía del CGI, muy al estilo de El hombre de acero de Zack Snyder, pero con más relleno audiovisual. Los intentos de la película por tratar temas más profundos (periodismo, xenofobia, poder) se quedan a medio camino, planteados y abandonados en cuestión de segundos.

Superman (2025) es un ameno fracaso, bien gerenciado (ya el cine no se dirige, se gerencia); una película tan desesperada por evitar los errores de las anteriores de DC que olvida aquello que hace que Superman sea tan convincente. La hiperactiva gerencia de Gunn (quien nunca será Lynch o Scorsese) y su desordenado guion ahogan cualquier motiv bajo un diluvio de humor forzado (¿Super Girl borracha?). No se trata de una nueva visión audaz, sino de un producto corporativo disfrazado de reinvención.

Párrafo aparte merece el perro Krypto que resulta el gran aporte del filme. La interacción entre la mascota y su amo (aunque él diga que se lo dieron a cuidar) resulta el elemento más agradable (ver la hermosa primera escena post-créditos). El can convierte a este un filme familiar, más aún por la capa roja que cubre al animal y el grado de participación que tiene en momentos cruciales de la trama.

La música es también un elemento por tomar en cuenta. El homenaje constante que se hace al motivo principal de la música original de John Williams es una manera de vincular este Superman con el filme de 1978. Es una versión heavymetalera de esa armonía primigenia que convierte el motivo musical de Williams en un riff que resuena a lo largo de la banda sonora. Mención especial merece la invención de la banda The Mighty Crabjoys que tiene una participación importante en el soundtrack (la letra de la canción es de co-autoría del travieso James Gunn). También se hace notar la banda sueca Teddy Bears y su canción, que aparece al final en la secuencia de créditos, «Punkrocker», con Iggy Pop como invitado especial. Todo este párrafo para saludar los aciertos de siempre en la parte musical cuando James Gunn gerencia un filme.

Superman, en conclusión, se sitúa entre la sencillez de Donner y el toque de pastiche de Snyder, con resultados desiguales. Es cierto que recupera la esperanza de los clásicos (ya hicimos el parangón con Donner), pero le cuesta equilibrar el humor con lo que realmente está en juego (el máximo mito de la cultura de masas). El Superman de Gunn, con calzones rojos talla L (guiño a Cristopher Reeve y Kirk Alyn) y un broche de velcro en la nuca, no es, afortunadamente, la versión definitiva, pero es un paso en la dirección correcta. Si las películas futuras pueden refinar su tono, este podría ser el comienzo de una nueva era digna de la franquicia.

THE AVENGERS: UNA ESPECIE DE SECUELA DE THOR

And there came a day, a day unlike any other… when Earth’s mightiest heroes found themselves united against a common threat… to fight the foes no single superhero could withstand… on that day, The Avengers were born.

Este parlamento de Nick Fury (Samuel L. Jackson) debe ser contestado. Ojalá nunca hubiera llegado el día en que los más grandes héroes de la Tierra se reunieran. La pregunta de entrada es si The avengers (2012) tiene algún tipo de valor cinematográfico. La respuesta es negativa. Es un filme para las masas y hurga en la abundante mitología de Marvel Comics. El procedimiento narrativo se llama hipertextualidad cruzada: se toman personajes de diversas fuentes y se las une o reúne en una narración única. Algo así como lo acaecido con La liga extraordinaria (2003).

Dicho eso. Vamos con la calidad o falta de calidad en la historia. Estamos ante una especie de secuela de Thor (2011). Nada más. Se trae al villano de ese filme para insertarlo en un contexto terrícola.

Sobre los efectos especiales no hay que consignar ninguna loa o reparo. Todo luce dentro de lo ordinario y predecible en el aspecto visual. Dos escenas mencionables: la pelea entre Iron man y Thor en el primer acto y la batalla final.

¿Fiascos actorales? Sólo uno. ¿Quién le dijo a Scarlett Johansson que ella podía hacer de súper heroína? Sobreactuada. Postiza. Poco convincente en su rol de Viuda Negra. Jeremy Renner (Hawkeye), de estatura similar y mejor actor, se las ingenia para hacer verosímil su papel.

¿Actuaciones memorables? Claro. La de Robert Downey Jr como el socarrón billonario Tony Stark. Algunas perlas dignas de destacar de este personaje:

Dirigiéndose a Thor: No hard feelings Point Break, you’ve got a mean swing.

Dirigiéndose a Mark Ruffalo: Dr. Banner, your work is unparalleled. And I’m a huge fan of the way you lose control and turn into an enormous green rage monster.

Quizá el más memorable de todos los parlamentos de Downey Jr. viene en el siguiente diálogo con Capitán América:

Tony Stark: No offence, but I don’t play well with others.

Steve Rogers: Big man, in a suit of armour… take that away, what are you?

Tony Stark: Uh… genius, billionaire, playboy, philanthropist…

Tom Hiddleston (Loki) está desperdiciado en su rol chato del malo del filme, tomando en cuenta que lo vimos hace poco como el segundo dueño de Caballo de guerra de Spielberg, o como Francis Scott Fitzgerald en Midnight in Paris (2011). Quien realmente se lleva las palmas es Hulk (con voz de Lou Ferrigno): la escena en la que golpea a Thor simplemente por las ganas de agredir a alguien o la vertiginosa transformación de Bruce Banner en la confrontación final. Esta última metamorfosis ante la mirada asombrada de Capitán América:

Steve Rogers: Doc… I think now is the perfect time for you to get angry. Bruce Banner: That’s my secret Cap, I’m always angry.

Otra escena digna de mención es aquella en que Loki es aplastado por Hulk inmediatamente después de decir lo siguiente:

Enough! You are, all of you, beneath me. I am a god you dull creature, and I will not be bullied by…

Dos para el estribo. La cameo appearence de Stan Lee, todopoderoso creador de este pequeño Olimpo de Marvel. Y la escena inesperada que consta al final de los créditos. Se recomienda al público no salir de la sala hasta que aparezca el último nombre.

There was an idea to bring together a group of remarkable people, so when we needed them, they could fight the battles that we never could.

La idea no es extraordinaria, ni el grupo es tan remarcable, como dice Nick Fury en las dos líneas citadas. Esta película promete ser la primera de una saga comercial con el mismo procedimiento de la hipertextualidad cruzada. Y sí que será una batalla para los guionistas que tendrán que hacer algo más creativo que en este caso. Es fácil hacer filmes con la fórmula tecnológica de Transformers.

We are not a team. We are a time bomb, dice Bruce Banner. Y tiene razón. La bomba explota en la taquilla planetaria atrayendo a multitudes por doquier. Popcorn movie. Blockbuster. Película de fin de semana.